La política de las encuestas. Reflexiones en Campaña 42

Santo Domingo, 26 de junio 2020

La política de las encuestas
Por: José Francisco Peña Guaba
Este es un tema de actualidad, que reviste una importancia capital debido a lo que está ocurriendo con las encuestas. Lo primero que hay que decir es que no es nada nuevo en torno al papel de los estudios de opinión electoral en medio de las campañas de este país. Dado que tienen el potencial de influenciar al electorado, el legislador estableció regulaciones concretas en la Ley #15-19, Orgánica del Régimen Electoral, sometiendo las encuestas a reglas especiales para garantizar responsabilidades, identificar a quienes la pagaban, precisar la base técnica en que se realizarían y otros elementos.

Cuando el legislador y los partidos quisieron regular las encuestas fue porque se sabía el efecto que producen en la población sus resultados, pero, como todo en nuestro país, la parte legal aprobada es letra muerta porque, siguiendo los intereses de los partidos, de los candidatos y de sectores económicos-empresariales, dichas encuestas se publican como panfletos promocionales con el solo interés de posicionar a determinado partido o candidato.

Las encuestas deben ser un documento que sirva de guía para el trabajo de los equipos de campaña. De hecho, una parte se utiliza para eso, pero la mayoría de esos “estudios” su único fin es influenciar el ciudadano para que vote por “x” o por tal opción. La falta de fiabilidad, la mala costumbre de cambiar las formas de encuestar y los cuestionarios, cuyas preguntas, las que se hacen a los encuestados, se hacen de tal forma que dan resultados diferentes o variables y otras inconductas similares, cuando se hacen de manera ex profesa se convierten en un delito electoral. Sin embargo, como aquí en la práctica no hay un ministerio público electoral, eso se ha convertido, antes y después de la Ley electoral, en un verdadero relajo que, lamentablemente, puede causarle mucho daño a la nación.

Cada quien quiere asumir su encuesta como “la real”. Claro, a su particular interés. Vi en el periódico a un buen dirigente amigo decir que los resultados de las elecciones tenían que salir igual obligatoriamente a los resultados de las firmas Gallup y Greenberg, ¡¡Vaya locura esa!!
Las encuestas siempre han sido usadas para crear una percepción contraria a la realidad del voto.

Una víctima de los resultados de ese tipo de encuestas, siempre, fue mi padre, el Dr. JFPG: se hacían precisamente para crear percepción en contra de su candidatura y en algunos casos sus resultados fueron tan “quirúrgicos” que se adaptaron a los fraudes electorales que después le realizaron. ¡Que encuestas tan inocentes!

Todas las encuestas, ¡ABSOLUTAMENTE TODAS! solo tienen un papel de servirle a quien las paga o al interés de un sector político o económico. Las de supuesto “buen prestigio” para lo que van a servir, al parecer, es para crear un lío en las próximas elecciones, porque los resultados es posible que sean diferentes. Claro, para eso las firmas siempre se cubren con los siguientes tres criterios: 1- El supuesto porcentaje de “margen de error”; 2- Que son “una fotografía del momento” y 3- La decisión final de los indecisos. Con esas argumentaciones después de las elecciones casi ninguna ha de quedar mal.

El colmo de la falta de profesionalidad de varias firmas y eso es fácilmente comprobable, es que les hacen el mismo trabajo a varios clientes en un lapso de tiempo muy breve, pero a todos les entregan resultados diametralmente opuestos. Pareciese como si se efectuaran en el interés de dejar satisfechos sus clientes. Bajo esa premisa, nadie pierde.

La única diferencia a las del pasado es que en esta ocasión, por lo menos, no están al servicio del gobierno de turno. Bueno, hemos avanzado, pues ahora los palos los dará una parte de la oposición aliados a sectores del gran capital. Lo que alegra a una parte importante de la población es que la oposición dejó de ser clavo y se convirtió en martillo.

La preocupación es que no sé si eso dará al final resultados positivos, porque la operatividad del día “D”, de todos los gobiernos, cambia en un porcentaje apreciable los resultados en contra de la oposición. Lo que hemos visto es que un gobierno no siempre tiene que ganar, pero casi siempre saca más votos de lo esperado y la oposición menos. Si quieren saber si es así nada más busquen los resultados del voto nacional de las municipales y las dos principales fuerzas PLD Y PRM y sus aliados, solo tuvieron una diferencia en votos de menos de 3% y eso después de un mes de cacerolazos, plantones, protestas etcétera.

La percepción que se quiere hacer que habrá un ganador en primera vuelta lo pueden lograr, pero de verdad es difícil, porque donde hay 3 fuerzas electorales con importantes apoyos es difícil que una logre tener en la primera vuelta, en votos reales, más de un 50%. Los gobiernos, no importa lo mal que estén, tiene un voto cautivo, para mí nunca será menos de un 34%. Se preguntarán los lectores de donde saco ese número. Les responderé de inmediato: de los resultados del 2004, Hipólito Mejía, presidente de turno en la peor crisis de estabilidad económica del país de los últimos 75 años, con todo y eso obtuvo esa votación. Entonces, parto del hecho de que nadie que esté en el gobierno y con cierta estabilidad, sacará menos.

El pensar solamente que el Dr. Leonel Fernández tiene un posicionamiento de intención de votos de menos de un 9% es una osadía. Miren que no digo de votos, que estoy segurísimo que será muchísimo más de ahí, pero en intención eso simplemente es imposible. Todos los que estamos en el oficio de la política sabemos que son números arreglados con la única finalidad de afectar su candidatura y tratar de traspasar sus votos, mediante percepción de triunfo, a otros candidatos, pero desde ahora les digo que esta alianza está trabajando para que “se les pele el billete.”

Las encuestas son un arma letal en política, por eso titulé este artículo como “La política de las encuestas”, cuando lo correcto debió ser “Las encuestas en la política”. ¿Dónde está la diferencia? En que ya no son instrumentos de trabajo de los equipos de campaña, ni herramientas para medir o cuantificar la popularidad de los candidatos, sino que ahora, más que nunca, son mecanismos para crear percepciones, para beneficiar con datos irreales a partidos y candidatos queriendo influir en un electorado proclive a votar por el que las encuestas dicen que va a ganar. A los dominicanos no les gusta perder ni jugando tapita, eso lo saben los “especialistas” en encuestas.

El día 5 de julio habrá elecciones. Quizás los “encuestólogos” les ganen a los políticos logrando
fijar en la mente de los electores sus números y así salgan, no lo sé. Me declaro profano en la materia. Yo sigo apostando, como la mayoría de los que somos carpinteros de esta actividad, que la “realpolitik” es diferente y que en las urnas se verá.

El día 5 de julio las estrategias sobre el campo de batalla determinarán quién ganará. Sabemos que la mejor operatividad y quién más simpatizantes lleve a votar definirá el ganador. Sobre los efectos de las encuestas ya los encuestadores y los sectores que las publicaron dieron su golpe perceptivo. A los artesanos de este complicado oficio les toca el turno el domingo 5 de julio. Al final cuando se abran las urnas ¡Hablará el soberano, el Pueblo.

JFPG. Dan/Sfd

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