La designación del Defensor del Pueblo una excelente oportunidad para el primer consenso entre las fuerzas políticass.

Por Darío Nin
Santo domingo, 06 de julio 2020.-

La designación del Defensor del Pueblo una excelente oportunidad para el primer consenso entre las fuerzas políticas.

Un titular, cinco adjuntos y dos suplentes esperan su designación desde hace un año.

El pueblo dominicano acaba de designar un nuevo gobierno para que le represente, tanto a nivel del Poder Ejecutivo como a nivel congresual.

Hemos dicho que, para que el gobierno que se estrenará el próximo 16 de agosto, sea exitoso, debe contar con la integración de los mejores hijos de esta tierra.

Ojalá al Presidente y al nuevo gobierno no se le diagnostique el síndrome del que toma las aguas del rio Lete, y le llegue la amnesia mientras camina hacia el paraíso. Que no olvide lo prometido y lo que tiene por hacer.

A todo esto, hoy existe una magnífica oportunidad para ensayar el consenso. El nuevo gobierno aún no instaurado encuentra al presente, (no desplazado aun por los días que le quedan) con una tarea pendiente: La designación de una figura de trascendencia nacional. Uno de los oasis del desierto que se debe preservar fuera de las nóminas partidarias. El Defensor del Pueblo.

Tanto el gobierno actual, a nivel ejecutivo, como el congresual, tienen una excelente oportunidad para ensayar el consenso y elegir en beneficio del pueblo.Esa oportunidad se la brinda la figura del Defensor del Pueblo, aún no designada y pospuestas por las circunstancias políticas que han envuelto a la Nación en el último año.

Desde mayo del año pasado, este Ente Constitucional debió ser nombrado. Aunque Doña Zoila Martinez Guante, actual Defensora, se ha mostrado a la altura del mandato continuado que implicitamente se le ha otorgado, ha expresado en mucho más de una ocasión, que no le interesa seguir al frente de la Institucion, pero aun así, para no abandonar el barco ha permaneció un año timoneándolo fuera del destino inicial.

Hoy, tienen los protagonistas del accionar político dominicano, una excelente oportunidad para designar por consenso al Defensor del Pueblo.

En las circunstancias actuales, en el Congreso nadie tiene la mayoría para designar las ternas en la Camara de Diputados y asegurar su designación en el Senado, sin embargo, si el actual gobierno quisiera designarlo haciendo uso de estrategias políticas, podría hacerlo.

Bastaría con que le quite o sustraiga de la Cámara de Diputados la selección de las ternas y las ponga en manos del Plenos de la Suprema Corte de Justicia, como lo establece el único párrafo del artículo 192 de la Constitución de la República, que para edificar transcribo a continuación:
“ El Defensor del Pueblo y sus adjuntos serán nombrados por el Senado por un período de seis años, de ternas propuestas por la Cámara de Diputados y permanecerán en el cargo hasta que sean sustituidos. La Cámara de Diputados deberá escoger las ternas en la legislatura ordinaria previa al cumplimiento del término del mandato de los designados y las someterá ante el Senado en un plazo que no excederá los quince días siguientes a su aprobación. El Senado de la República efectuará la elección antes de los treinta días siguientes. Párrafo. – Vencidos los plazos sin que la Cámara de Diputados hubiere escogido y presentado las ternas, las mismas serán escogidas y presentadas al Senado por el Pleno de la Suprema Corte de Justicia. Si es el Senado el que no efectuare la elección en el plazo previsto, la Suprema Corte de Justicia elegirá de las ternas presentadas por la Cámara de Diputados”.

Si asi sucediera, esa designación, muy probablemente, aunque sin duda es legal, no sería visto por muchos como legítima, porque se preguntarían por qué razón, si llevamos un año de atraso en la designación de las ternas, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia, no se empoderó antes y quiere hacerlo ahora, cuando al Gobierno y el actual Congreso le quedan días.

Pero de que pueden hacerlo, pueden. Aunque el Defensor del Pueblo designado así, cosecharía un cuestionamiento permanente de su legitimidad y vocación de servicio, que tendría que desmentir por la fuerza de un ejercicio pulcro e imparcial a toda prueba, pero sobre la base de un continuo cuestionamiento en cada pronunciamiento y ejecutoria, o sea, que designado así pierde credibilidad y autoridad moral.

No obstante, otro seria el escenario si puestos de acuerdo le permitieran a este Congreso la elección del Defensor producto de un consenso donde los más aptos puedan optar para integrar un Defensor del Pueblo en expansión y crecido que hoy más que nunca necesita de su titular, cinco adjuntos y dos suplentes como lo permite y lo indica la Constitución de la República.

Hay espacio para que los mejores hombres y mujeres con vocación de servicio en esa área puedan ocupar esas plazas, sin importar en la parcela en que estén, o mejor aún, si no están en ninguna.

Formulo la propuesta de un consenso para que el actual Congreso elija al Defensor como le corresponde, pero mediante consenso. Un Defensor oasis, en donde todos se sientan seguros con sus posiciones y ejecutorias y sea un ente imparcial de equilibrio cuando las circunstancias lo demanden.
Dan/Sfd

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