En política no hay acciones insignificantes, a propósito de la alianza y posible fragmentación PLD-BIS (2014)

En política no hay acciones insignificantes, a propósito de la
alianza y posible fragmentación PLD-BIS
3era publicacion. 1era 2014, 2da 2019

A veces uno por ciento (1%), tiene el mismo valor que cuarenta y nueve por ciento (49%), la afirmación parece un absurdo, pero línea y media que es lo que va hasta aquí de este escrito, no es suficiente para juzgarlo y condenarlo. Es necesario permitir al autor desarrollar su teoría.

En mi libro pendiente de publicación “Acciones Insignificantes” planteo en un escenario imaginario la suerte que corrió una próspera empresa, una vez muere su fundador y ésta pasa a manos de sus sucesores; entre ellos un hijo medio sinvergüenza, él; que en un descuido de los demás causahabientes sustrae acciones y las vende a un mafioso que le interesaba el control de la empresa para lavar capitales.

Mi intención no es contar el argumento y el contenido de mi libro, sino tomar el ejemplo que de él se extrae, para hacer comparación con una situación política que se está dando entre el PLD y el Bloque Institucional Socialdemócrata (BIS). Es por esto que el próximo párrafo hablo también del libro.

El capital de la empresa en cuestión estaba compuesto por mil acciones; de las cuales cuatrocientas noventa y nueve (499) eran al portador (es dueño quien las posea, como sucede con el dinero) y quinientas una (501), eran nominativas (estaban registradas a nombres de particulares). De estas últimas, 499, figuraban a nombre del difunto y las otras dos ya no estaban en poder de los propietarios originales, porque el fundador se la había regalado como un símbolo de agradecimiento, a un viejo conserje al cumplir éste cuarenta años de servicio en dicha empresa.

Estas acciones (las dos regaladas), mientras estuvo el capital accionario en manos de los propietarios o sus familiares, eran “acciones insignificantes”, que nunca se tomaron en cuenta para producir algunas decisiones; pues la abrumadora mayoría poseída (novecientos noventa y ocho), hacían innecesaria su convocatoria o su presencia.

Al irrumpir irregularmente el causahabiente del que les conté y al hacer desaparecer las cuatrocientas noventa y ocho acciones al portador, llevándola a manos de los mafiosos también señalados; igualaba la carga accionaria en igual cantidad para ambos lados, por lo que, los mafiosos aunque lo deseaban no podían apoderarse de la dirección de la empresa, al no logra nunca mayoría.

En una convocatoria de asamblea, los del ¨bajo mundo¨; siempre interesados en la dirección de la empresa, lograron retardar al muchacho haciendo que no asistiera a dicha asamblea, consiguiendo con esto, imponer su mayoría y despojar a los legítimos propietarios de la conducción de la empresa. La que desde entonces fue manejada a su entero capricho; pues los dueños legítimos que ya identificamos, no podían recupera la misma, porque estaban en plano de igualdad. En consecuencia no podían revocar sus mandatos.

Para aterrizar; les diré, que la recuperación sólo era posible si las dos acciones insignificantes volvían en alianza a las del grupo de los legítimos propietarios.

Ahí lo dejo: El PLD, es un gran partido y tiene personas que podrían resultar excelentes candidatos, tiene a su favor hoy un presidente que cuenta con gran simpatía y aceptación; pero aun con todo esto, no deben dormirse en sus laureles pensando que ya están blindados contra la pérdida del poder. Recuerden que el liderazgo no se hereda.

No olviden que la falta de alianza le quitó un triunfo casi seguro al profesor Juan Bosch, no olviden que el PLD no se ha podido colocar en el primer lugar como partido político por lo que la casilla número uno aun no le pertenece; no obstante gracias a las alianzas se ha alzado con la victoria en varias ocasiones. Armas de la que siempre hizo uso el Dr. Joaquín Balaguer y el Partido Reformita, también con excelentes resultados.

Ojalá el poder no los embriague y recuerden que uno 1% de la votación podría ser la diferencia entre retener el poder absoluto o perderlo; y que cuando esto sucede, el uno por ciento vale tanto como el cuarenta y nueve, pero jamás se paga igual. Hasta la próxima.

Dr. Darío Nin./Sfd

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