Defensor de pequeñas cosas que nos traen grandes incomodidades.

Para el 15 de septiembre del 2011, o sea unos dos años antes de que el Congreso Nacional designara el Primer Defensor del Pueblo en la República Dominicana, este servidor producía y se publicaba en diferentes medios digitales un escrito que titulé como el presente y que en un instante transcribo.

El treinta de septiembre 2020, tuve que desplazarme desde Sabana Rey en la provincia de La Vega a Punta Cana en la Altagracia y mis ojos iban puestos en toda esa cosa del camino que no iban bien.

Por ejemplo, observamos que en medio de esta pandemia negocios íconos que dicen estar supervisados por el Ministerio Turismo y de Salud Pública y que expenden alimentos permiten que los empleados manipulen dinero y al mismo tiempo, sin ningún tipo de control despachen los alimentos.

Observé que el tramo carretero autopista Duarte a San Francisco de Macorís está repleto de hoyos que deterioran progresivamente la vía y no vemos brigadas de inspección o reparación en las mismas.

Observé que los camiones de cargas transitan a velocidad inadecuada y en el carril inapropiado y no vi una patrulla detenerlo por esa acción.
Que en medio de esta pandemia existen baños de establecimientos comerciales que no disponen de jabón, para que quienes acudan a ellos se laven las manos y se contenten sólo con mojárselas después de hacer sus necesidades.

Que existen tramos peligrosos con varios cruces en pistas, autopistas, carreteras y avenidas que demandan semáforos o control efectivo del pase y no hay señales de que eso importe a nadie.

Observé que hay tramos de la via afectados por el descuido de los que transitan con tractores hacer surcos en la via publica y no se le impone ningún tipo de sanción o responsabilidad e igualmente causar daños por accidente en la via pública y sus componentes como puentes, postes, barandas y nadie parece dolerse eso, e iniciar una acción en reclamos de la reparación del daño causado.

En fin, vi tantas “pequeñas faltas” que pudieren acarrear grandes perjuicios, que necesitan un funcionario del Estado que las asuma o por lo menos, que haga que quien tiene que ver con eso, se ponga en lo suyo; y recordé un escrito que había hecho y que precisamente, el día treinta de septiembre 2020, fecha de mi observación cumplía nueve años y quince dias exactos.

Transcribo lo que entonces escribí:

“Defensor de pequeñas cosas que nos traen grandes incomodidades: Existen pequeñas cosas que son muy molestosas, y a veces con impotencia decimos: ¡Oh y ahora, ¡quién podrá defendernos!

Quizás nos imagínenos a un Defensor del Pueblo echando grandes pleitos, pero el Defensor será más efectivo echando pequeños pleitos por nosotros.

¿Quién no ha sentido impotencia frente a los abusos que vienen cometiendo los vendedores de baterías locales con las garantías que dicen dar? Por ejemplo, una batería criolla y a veces las extranjeras comercializadas por gente del patio nos dicen que tenemos un año, dos tres o cuatro. ¡Qué sé yo! Los que digan otorgar a la hora de la venta.

Compras la batería creyendo que, si antes del año se daña, tendrán que darte otra, o por lo menos garantizarte ya sea con un arreglo o un remplazo, aunque no sea nueva, que tendrás batería para tu vehículo por lo menos por el tiempo garantizado.

Pero, qué sucede en la práctica. Lo que sucede es, que no te dan nada, pues cuando acudes a buscar la sonada garantía, te reciben con un cálculo de costo por meses y te deducen lo que falta, pero te cobra el uso.

Yo me pregunto: ¿Qué clase de garantía es esa? Y es así. O lo coges o lo dejas. Con esta actuación te amarran por vida a un artículo de mala calidad, ya que siempre caerás en el jueguito de “paga la diferencia”

Alguien podrás decir que se tiene la opción de cambiar, que no te obligan a que aceptes ese juego, pero la fuerza de la realidad económica del momento se impone a la filosofía.

Respondo a los que así pudieren pensar, que no es lo mismo buscar mil que dos mil quinientos. Alguien tiene que asumir la defensa de miles de humildes chóferes y conductores que no pueden por si armar su defensa para protegerse ese tipo de contrato leonino de adhesión.

Mientras llega el Defensor, Proconsumidor que se ha transformado en un chapulín para otros casos, podría hacerlo. ¡Pero caramba!, esta institución no ha nacido para asumir la búsqueda de la panacea.

¿Quién nos defiende de la Junta Central Electoral, que continúa cobrando por tasas de servicios sin una base legal y que abusa descaradamente legalizando actas de nacimiento, que ella acaba de expedir y quien la legaliza, es la misma firma que aparece al pie del acta expedida certificando su propia firma?

¿Eso es insólito verdad?, que sólo el afán de recaudar, obnubila este razonamiento simple.
Con la venta de vehículos y electrodoméstico pasa lo mismo. En las tiendas, ese, de “no devuelve dinero o no aceptar devoluciones”, también tiene que encontrar un defensor.

Otra pequeña y molestosa cosa, es lo que está sucediendo en el ayuntamiento del Distrito Nacional, por poner el ejemplo que más conozco y el que he vivido en carne propia.

Esta alcaldía ha contratado con unos grueros, que se han constituido en batuta, ley y constitución. Ellos juzgan que estás mal estacionado, te llevan tú vehículo a la Feria, lo depositan en un patio vigilado; y, a pagar hasta tres mil pesos sin derecho a reclamo, oposición o apelación, ya que no existe un funcionario donde quien ir a reclamar.

¿Verdad que esa es otra pequeña cosa que defendería muy bien un gran Defensor?

Lo que acabo de enunciar es eso sólo eso, enunciación, pues si nos ponemos a enumerar no acabamos.

Son pequeñas cosas que bien podría asumir a favor del pueblo un Gran Defensor.

Y si le sigo contando como ya le dije, hoy no término. De lo que estoy seguro es que usted amigo lector, tendrá un rosario de pequeñas cosas de las cuales no ha podido defenderse, como el mal servicio que recibe en una oficina de servicios público del estado o privada, como es el caso de una estación de servicio de combustible que decidió no dar el aire para los neumáticos y la crujía que se pasa cuando usted anda de estación en estación con una goma desinflada”

Recuerda que lo encomillado fue escrito en el 2011
Hasta la próxima.

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