• Por Héctor Dotel Matos
  • Fecha: 14/07/2021Siempre se ha dicho y es así, que nada dura para siempre. Oficinas de abogados,  recordadas por el talento y dinamismo de sus fundadores  y miembros, hoy han sido olvidadas y otras  borradas. Empezar a señalar desde 1884 prestigiosas oficinas, no alcanza tiempo ni motivos.

    Solo nos arrimamos señalar  aunque parezca un poco arbitrario, los más connotados que nos vienen a la memoria. De otra manera, sería una tarea de muchos tomos y en el marco de estas cuartillas, es imposible.

    Somos de opinión, que una vez desaparece el cabeza del bufete, el mismo gradualmente se va apagando hasta desaparecer. Así sucedió con la prestigiosa oficina Peynado-Peynado, que desde que don Julio y su hermana Margarita fallecieron, se fue a pique hasta cerrarlo. Lo mismo sucedió con la oficina de Quirico Elpidio Pérez y la de don Federico Nina, a pesar de quedarse con la oficina de su hijo en San Pedro de  Macorís, pero no fue lo mismo.

    Así sucedió con la prestigiosa oficina de don Julio Ortega Frier;  desaparecida su cabeza, la heredó su hijo, Pepe, pero ya no fue la misma oficina de fama. En  esa misma acera de la calle Arzobispo Meriño se encontraba la oficina del Dr. José Cassá Logroño desaparecida también.  

    En San Pedro de Macorís, corrió la misma suerte la oficina de Barón Del Giudice, su hijo Quique se quedó en París y hubo que cerrarla. Muchos años atrás fue cerrada la oficina de Juan Arce Medina, la del doctor Julio Hopelman, la de Osvaldo Peña Batlle  (Cocó), la de Salvador Paradas, la de José Miguel Pereyra Goico y la del poeta Víctor Villegas.

    También fue cerrado el bufete de don Rafael Alburquerque Zayas- Bazán, después de salir de prisión. La oficina Tapia Brea siguió operando, con los hijos luego de la muerte de su fundador, la oficina de Eurípides Roque Román en la calle El Conde, también desapareció. En el edificio Diez, estaban instaladas muchas oficinas de renombre y desaparecieron, entre ellas la de Wenceslao Guerrero Pou (Juanchi).     

    En Santiago de los Caballeros, permaneció abierta la oficina de Federico C. Álvarez, porque su hijo, de parecido talento que su padre, heredó y sigue dando servicios. La de José María Cabral y Báez, desde la desaparición de su dueño original,  quedó José María Cabral Bermúdez, con el mismo prestigio que su fundador, no así la de Juan A. Morel.

    La de Herman Cruz Ayala, la de José Manuel Machado, la de Luis Julian Pérez, la de don Julio Cuello en la Hostos; la de Julio Júpiter en la Luperón, la de Juan O. Velásquez, la de don Rafael Augusto Sánchez  y la del notable profesor Luis R. Del Castillo Morales, así como la de don Américo Lugo, la de Ángel María Soler, Luis Henríquez Castillo; y en Puerto Plata la de Armando Redirigez, Víctor Almonte y Luis Senior.   

    Otra que permanece abierta, aunque el tronco desapareció es la de Antonio Guzmán en San Francisco de Macorís, extendiéndose sus hijos hasta la ciudad capital con el nombre de Fabio J. Guzmán Ariza y Asociados. También la de Artagnan Pérez Méndez en Moca, dirigida por su esposa e hijo. 

    En San Juan de la Maguana, desaparecieron tan pronto sus cabezas fallecieron la oficina de Vetilio Valenzuela y la de Tomás Susaña; de Américo Terrero y la de Teto Puello, anteriormente ya había dejado de existir la oficina de don Esteban Mesa.  En La Vega, la prestigiosa oficina de don Manuel UbaldGómez, no fue la misma desde que su propietario falleciera.

    En esta capital de nuevo, el bufete de Freddy Prestol Castillo fue cerrado una vez que su prestigioso director falleciera, pues su hijo aunque abogado, se inclinó por el periodismo y la cátedra universitaria. También desapareció la oficina de Víctor Valenzuela (Baroíto)

    El prestigioso bufete de don Rafael Bonnelly, luego que dejara la política, permaneció un tanto abierto, pero tiempo después al sucumbir su mentor, uno de los hijos se quedó con la oficina, pero tiempo después hubo de cerrarla y posteriormente vender su local.

    Pero los más estremecedores casos de ausencia, son los  de los bufetes de la oficina Froilán Tavares, que heredada del maestro Froilán Tavares hijo, sus hijos Margarita y Ramón, inmediatamente desaparecidos, dicha oficina corrió la misma suerte. Así ha sucedido con la oficina de Ramón Tapia Espinal, no es igual, pues falta la cabeza conductora.

    Los dos casos más patéticos son la ausencia de los dos maestros del Derecho Penal, Héctor Sánchez Morcelo y Ramón Pina Acevedo y Martinez. Desaparecidos esos dos colosos, en el caso del primero no dejó ningún heredero y en el caso del segundo, aunque tiene herederos jurídicos, no han podido brillar como su ilustre padre.   

    Y es como hemos seguido diciendo, que una vez desaparece la cabeza principal del bufete, merma el renombre y  el prestigio.

    hectordotel45@gmail.com

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