Salvo y sano por fe

Salvo y sano por fe
Por Dan
05 e enero 2022

El imperio de la fe se manifiesta en esta ocasión ejecutando salvación y sanidad,
Dos situaciones que involucran a Jesús se dan en el episodio de hoy. Una en donde Jesús se pone en movimiento movido por la fe de un tercero. La otra en donde un tercero pretende lograr que el poder de Jesús le sane de una dolencia de 12 años sin que Jesús siquiera se diera cuenta de que había realizado la acción de sanación, por lo menos esa eran sus pretensiones en base a la fe profesada.

Ambas situaciones se entrecruzan, pues, una sucede mientras se procedida a ejecutar la otra.
Aunque el relato lo encontramos en el evangelio de Mateo, se encuentra tambien el en Marcos y Lucas (Mr. 5:21-43; Lc.8:40-56)

Nos relata Mateo en el Capítulo 9, versos 18 al 26 lo acontecido con la hija de Jairo y la mujer que tocó el manto de Jesús.

El relato es el siguiente: “18 Mientras él les decía estas cosas, un magistrado vino y se arrodilló ante él, y le dijo: «Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y ella volverá a la vida.» 19 Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. 20 En eso, una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto, 21 pues pensaba: «Si alcanzo a tocar tan sólo su manto, me sanaré.» 22 Pero Jesús se volvió a mirarla y le dijo: «Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado.» Y a partir de ese momento la mujer quedó sana. 23 Cuando Jesús entró en la casa del magistrado, vio a los que tocaban flautas y a la gente que hacía alboroto, 24 y les dijo: «Váyanse, porque la niña no está muerta, sino dormida.» Ellos se burlaron de él. 25 Pero luego de despedir a la gente, él entró y tomó de la mano a la niña, y ella se levantó. 26 Esta noticia se difundió por toda aquella región.

Este relato es expuesto un tanto diferente en Marcos y Lucas, mientras Mateo reporta que el Magistrado (que por los demás relatos sabemos que su nombre era Jairo) le dijo a Jesús, “Mi hija acaba de morir; pero ven y pon tu mano sobre ella, y ella volverá a la vida.» (Mt.9:18)

En Marcos el relato es “¡Ven que mi hija está agonizando!” pon tus manos sobre ella para que sane y siga con vida” (Mr. 5:23).

Finalmente, Lucas se limita a relatar sin imponer el diálogo lo que aconteció. Expones Lucas “Llegó entonces un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Este hombre se arrojó a los pies de Jesús y le rogó que fuera a su casa, pues su única hija que tenía como doce años se estaba muriendo”

Cualquiera de lo relatado en donde la niña hasta ese momento estuviera viva o agonizando lo cierto es que el padre, que no es quien demanda para si la acción de jesus, sino para su hija, es quien profesa y demuestra hasta lo sumo la fe que tiene en Cristo Jesús y pide para un tercero (su hija) que o agoniza o ya está muerta, como se confirma (la muerte) más adelante, pues en el camino se anunció que ya no era necesario que se molestara al maestro, pues la niña había muerto. (Lc.8:49; Mr. 5;35)

Esta parte de la historia concluye con la resurrección de la niña, que ya ante los ojos de todos estaba fallecida, salvo por las consideraciones de Jesús que lo expusieron a la burla: de que “la niña no estaba muerta, sino que dormía” (Mr.5:39; Mat 9:24; Lc.8:52). Aquí devolvió la vida, salvó o sea liberó de la muerte y al mismo tiempo sanó, pues no la dejó enferma. La niña se levantó, empezó a caminar y se le alimentó.

La fe en esta situacion como ya enunciamos no estuvo en la niña enferma que tal vez poco sabia de Jesus, sino en el padre, quien se “humilló” siendo un jefe de la sinagoga para implorar a Jesús la salvación y sanación de su hija.

El otro milagro que acontece simultáneamente, no estuvo planificado por su beneficiario, se presentó en un momento, por “una casualidad”. La mujer del flujo o la hemorragia aprovechó el paso de Jesús por allí para obtener la sanación, aun cuando no se lo haya pedido a Jesús, entendía que su poder es tan integral, tan grande que bastaba para conseguir su sanación el que pudiera tocar su manto, sin que Él se dé cuenta.

¡Cuánta fe! Y el milagro recibido fue tan grande como su fe. Pues en el acto quedó sana y Jesús se lo confirmó cuando le dijo “Hija tu fe te ha sanado. Ve en paz” (Lc.8:48) o ten ánimo hija, tu fe te ha salvado (Mat.9 :22) o hija por tu fe ha sido sanada (Mr.5: 34;)

Aquí en estos relatos dos ejemplos en donde la fe salva y sana, no importa que sean de tercero la fe manifestada, el milagro se produce cuando la fe es auténtica, aunque no le pidamos con palabras a Cristo que opere el milagro, sino que la fe en él, en su presencia nos da la seguridad y certeza que él hará.
Dan

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