“Quien no vive para servir, no sirve para vivir” a propósito de la Defensoría del Pueblo

Por Darío Nin

Ciudad Panamá 10 de mayo 2022

 

La frase “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. hace muchos años el escuché del profesor Juan Bosch, un intelectual dominicano.

No sé realmente la autoría, pues cuando sobre ella indago descubre que se las atribuyen a dos personajes de Calcuta, a la Madre Teresa y al filósofo Rabindranath Tagore.

Sin importar quién la haya dicho, esta frase mágica una vez escuchada está llamada a sensibilizar corazones y despertar compromisos.

La vida es muy corta y más corta, es el período en donde tomamos conciencia de nuestro rol existencial; hoy para muchos de nosotros puede ser ese dia, trata de no dejarlo pasar de entenderlo asi.

Al formar Parte de una institución como la Defensoria del Pueblo, ser procurador de Derechos Humanos, Ombudsman, Defensor de los Ciudadanos, Defensor de los Derechos, o la denominación que se tenga, recibimos una llamada de nuestras constituciones, leyes y conciencias, para supervisar la administración pública al mismo tiempo que para defender los derechos y libertades fundamentales y garantizar un estado de bienestar a los dueños del Estado que es la nación, los ciudadanos con inclusión de los habitantes, las personas de manera integral, ellas y lo que para su existencia con dignidad, conlleva.

Los seres humanos tenemos muchas carencias, para qué enumerarlas o esgrimir las rezones. Todos las conocemos o la hemos experimentado en algún momento de nuestra existencia.

Buscando solución a esas carencias, los humanos fueron nómadas, errantes por la tierra en busca de las gracias que esta podría brindarle hasta que se agotaran y de nuevo había que levantar tienda. Hasta que hubo asentarse en un logar y constituirse en la tribu, la aldea, la nación, el estado; para unos con otros cubrir sus necesidades mutuas o buscar administradores que redistribuyeran equitativamente los bienes cuando estén a la orden del día y eviten pleitos , disputas e injusticias (lo que hoy sigue siendo utopía).

Sin embargo, a pesar de lo inalcanzable de ese propósito, en primer lugar, porque hace falta limar las conciencias, esta última, siempre fuerza a mirar a todos lados y sobre todo a mirar hacia abajo, para darnos cuenta que ahí está la mayoría intentando salir del pozo.

Los defensores quizas no tendrán los brazos y los músculos para subirlos a la superficie, pero tiene la linterna, el foco, la luz para mostrarle el camino y la voz para llamar a los que salieron primero o nunca han entrado, para que disminuyan su paso y suministren los materiales para que por lo menos ellos se construyan la escalera que le permitan abandonar el fondo.

“Más hace quien quiere, que quien puede” Es una verdad indiscutible y lo formuló como un principio el sociólogo italiano Vilfredo Federico Pareto en lo que hoy conocemos como “el principio de Pareto”

Esta Ley o Principio establece que, de forma general, el 20% del esfuerzo produce el 80% de los resultados.

Esto debe ser el norte de todo Defensor del Pueblo, pues nunca tendrá suficientes músculos para hacer que las cosas marchen como es de desear, sin embargo, cuando se quiere avanzar en el camino de las utopías, el 20% del 100% que debería recibir , si lo combina con deseo de servicio y buena voluntad, hace maravillas mientras camina o avanza.

Jesús dijo: “Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros” y eso no es discutible pues el mundo es cambiante y siempre habrá necesidades que la mayoría no podrán satisfacer y serán pobres en ese sentido, pero jamás han de quedar en el olvido pudiendo recibir la luz que le guie a vivir con dignidad.

La reciente pandemia nos enseñó el rostro de nueva miseria humana, y nos sensibilizó el corazón mientras aparecía.

Por las lecciones brindadas tuvimos la esperanza de un nuevo amanecer, pero desgraciadamente el alba nos presentó la realidad de la rutina de los dias anteriores, ya olvidamos la humildad y la solidaridad que invocamos y profesamos aquellos dias.

El virus se apagó un poco, pero también se apagó nuestras promesas y aspiraciones a un mundo distinto, más humanos y más solidario. Todo lo contrario, en pos de lo no ganado el corazón de muchos se ha aguantado y apostado a repuntar para restituir capital, sin importar sobre que se han de montar.

Hoy más que nunca,” los del pozo, y los de apiés” necesitan de la orientación y arenga de los defensores de su dignidad. Es la razón de que existimos ¡Adelante Pues!

Darío Nín.

Ciudad Panamá 10-05 2022

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