MEDITACIÓN DIARIA

Mantener la esperanza

¿Se enfocará en sus circunstancias o fijará su mirada en Dios y su Palabra?

4 de noviembre de 2022

Hechos 27.13-26

La vida no siempre cumple nuestras expectativas. Incluso cuando nuestros planes están de acuerdo con la voluntad de Dios, podemos, sin embargo, enfrentar dificultades. Recuerdo una época de mi vida en la que me sentía solo y abandonado por el Señor. Mi mente decía que Dios estaba conmigo, pero mis sentimientos decían que no. Para contrarrestar esas emociones, tuve que orar y enfocar mi mente en las Sagradas Escrituras.

En el pasaje de hoy, el tiempo amenazaba el viaje de Pablo a Roma. Aunque el Señor estaba claramente dirigiendo su camino, se levantó una violenta tormenta en el mar. Los marineros se esforzaron por salvar el barco, pero poco a poco fueron perdiendo la esperanza de salvarse. El único que perseveró en la esperanza fue Pablo, y animó a la tripulación con su confianza en Dios.

La frustración por los obstáculos puede llevar al desánimo. Muchas veces no podemos cambiar lo que ha sucedido, ya sea la pérdida de un trabajo, la muerte de un ser querido o un diagnóstico de salud devastador. Las circunstancias sobre las que no tenemos control suelen ser las que nos hacen tropezar.

En tiempos de desánimo, usted tiene una opción: ¿Se enfocará en sus circunstancias o fijará su mirada en Dios y su Palabra?

Tomado de :https://www.encontacto.org/lea/devocionales-diarios

Dan/Sfd

La tempestad en el mar

13 Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. 14 Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. 16 Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17 Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.

21 Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan solo para recibir este perjuicio y pérdida. 22 Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave. 23 Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, 24 diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. 25 Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho. 26 Con todo, es necesario que demos en alguna isla.

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