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MEDITACIÓN DIARIA

El poder de la oración colectiva

Todos necesitamos el ánimo, la sabiduría y la fuerza que nos da el buscar juntos al Señor.

2 de junio de 2023

2 Crónicas 20.13-30

Ayer estudiamos cómo oraba el rey Josafat. Echemos hoy un vistazo a las personas con las que oraba.

Se avecinaban problemas: el ejército de Judá palidecía en comparación con las fuerzas unidas en su contra. Josafat, reconociendo sus limitaciones, sabía que era esencial pedir ayuda a Dios. Así que pidió ayuda a su nación, y la oración de apoyo llegó de todo el país (2 Cr 20.13).

A veces somos demasiado orgullosos para pedir a otros que oren con nosotros. Cuando eso sucede, es sabio considerar el ejemplo de Josafat, quien, a pesar de ser un rey que reinaba sobre sus súbditos, les pidió que lo acompañaran en busca de la intervención divina. Entonces, cuando el pueblo de Judá comenzó a orar, Dios proveyó su solución a través de un profeta y Josafat tuvo la humildad suficiente para escuchar y seguir sus instrucciones (2 Cr 20.14-21). Como resultado, su pueblo se salvó. Los ejércitos que avanzaban se volvieron unos contra otros y se destruyeron por completo. Pero las fuerzas de Judá sufrieron cero bajas, sin disparar una flecha o desenvainar una espada. Su humilde rey había escuchado, y fueron testigos de la extraordinaria victoria del Señor (2 Cr 20.22-30).

Dios a veces dice cosas que no esperamos. Pero nuestra vida en Cristo es más gratificante cuando el Cuerpo de Cristo lo escucha y coopera entre sí.

Tomado de:https://sinfronterasdigital.com/wp-admin/post-new.php

13 Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos. 14 Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de los hijos de Asaf, sobre el cual vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión; 15 y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. 16 Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. 17 No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, porque Jehová estará con vosotros.

18 Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová. 19 Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el Dios de Israel con fuerte y alta voz.

20 Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados. 21 Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. 22 Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros. 23 Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la destrucción de su compañero.

24 Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. 25 Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. 26 Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca; porque allí bendijeron a Jehová, y por esto llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca,[a] hasta hoy. 27 Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. 28 Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y trompetas, a la casa de Jehová. 29 Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová había peleado contra los enemigos de Israel. 30 Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.

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