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Por Joaquín Núñez
El Papa León XIV, con voz potente, saludo a presentes y ausentes, al mundo entero el saludo de Cristo Resucitado: “La Paz sea con vosotros”. Toda la plaza contestó a una voz, y con tu espíritu, cada uno con su lengua.
La Paz cristiana no es fruto de acuerdos, de cesiones, de pactos, es fruto del Amor, del perdón que olvida y que tiene como fuente “bienaventurados los que procuran por la paz, porque ellos serán hijos de Dios“.
El amor generoso del Padre del hijo pródigo, el amor de buen Samaritano, el del Buen Pastor que da su vida en rescate de todos, de todos los hijos de Dios. “Esta Paz de Cristo resucitado, una paz desarmada, desarmante y también perseverante, que proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente.
San Agustín, el Doctor de la gracia, que como converso, igual que Pablo, se enamoró de Cristo, que buscó la Verdad en todos los sitios sin quedar satisfecho en ninguno, la encuentra en Dios. El exclama: “Tu Señor, nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.
Hoy vivimos sin ninguna inquietud que no sea la de la riqueza, el poder y un protagonismo vanidoso que no se satisface nunca.
El capítulo 13 de San Juan, cuyo evangelio terminamos de escuchar, todo él se sintetiza en “haced memoria de mi”. Es en toda su riqueza lo que hemos de tener en nuestra memoria para convivir con Él. La memoria no es un recuerdo, es una presencia, es un sacramento. Son sus palabras “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”( Mateo 28,16.ss).
San Agustín se pregunta y dice “¿en la ley antigua, no estaba escrito: Amarás a tu prójimo como a ti mismo?. ¿Por que lo llama nuevo?”. Responde san Agustín “¿No será que es nuevo porque nos viste del hombre nuevo después de despojarnos del antiguo?“ (tratado 65, 1-3) San Agustín se pregunta y los comentaristas de hoy le dirían “porque amamos con el mismo amor de Dios, el mismo amor de Jesús”, “amaos como yo os he amado”.
Jesús nos advierte: “La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.
Hoy el Papa es consciente, como nosotros, que no somos testigos de Cristo, que los millones de católicos no corresponden a millones de cristianos que nos amamos como Jesús nos ama. ¿Estamos vestidos de la vestidura blanca de nuestro bautismo? Podríamos preguntarnos en qué proporción nuestra falta de amor cierra las puertas. “¡Hay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, que cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando!”.(Mt. 23,13 ).
El Papa León XIV, todo esto lo tiene muy claro, no vendrá con un látigo, ni condenas, ni excomuniones, vendrá con mucha paciencia, como la de Jesús, tal y como le hemos oído. Como buen hijo de s
San Agustín nos enseñará a “buscar nuestro descanso en Dios” .Nosotros hemos de ser conscientes de esta evidencia, no excusarnos de la falta de amor de los demás, de los escándalos de una Iglesia pecadora, de los nuestros propios.
Feliz domingo V de Pascua, amémonos como Jesús nos ha enseñado.
El Prior de la Sangre.
