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Por Darío Nin – Sinfronterasdigital.com
Francisco del Rosario Sánchez, no solo fue uno de los padres fundadores de la República Dominicana. También fue el primero en encender la llama restauradora que más tarde devolvería la soberanía perdida. Cuando en 1861 Pedro Santana anexó la nación a España, muchos callaron, otros se acomodaron. Pero Sánchez, exiliado y vigilado, no se resignó: entendió que la patria recién nacida estaba siendo entregada y que era deber de los verdaderos dominicanos recuperarla.
Desde el exilio en Haití, Sánchez organizó una expedición armada con el fin de restaurar la independencia nacional. El 1 de junio de 1861 cruzó la frontera con un puñado de hombres valientes, convencido de que su deber estaba por encima de su propia vida. La empresa fue sofocada con rapidez, y Sánchez fue hecho prisionero. El 4 de julio fue fusilado en San Juan de la Maguana. Pero su sangre no fue derramada en vano.
Su gesto encendió el espíritu de resistencia en muchos rincones del país. En campesinos, antiguos trinitarios, y jóvenes que aún no habían combatido. Tres años más tarde, el 16 de agosto de 1863, se alzaba la bandera tricolor en el Grito de Capotillo, dando inicio formal a la Guerra de la Restauración.
Sánchez fue, sin duda, el primer restaurador. No vivió para ver la victoria de sus ideales, pero su sacrificio fertilizó el suelo de la dignidad nacional. Su figura trasciende la historia como símbolo de coherencia, entrega y amor a la patria, y su nombre merece estar entre los grandes restauradores de la República.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. ¡Que Dios nos continúe bendiciendo…!
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