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Por Darío Nin
En el vasto y colorido universo de la cultura popular dominicana, pocas expresiones resultan tan vivaces, ingeniosas y profundamente simbólicas como los sobrenombres que comparan a las personas con animales.
Estas comparaciones, muchas veces jocosas y otras tantas certeras, constituyen una forma espontánea del pueblo para describir, identificar y hasta satirizar el carácter, las actitudes o el comportamiento de quienes le rodean.
Estas “estampas dominicanas” son retratos hablados en forma de mote. No requieren pinceles ni lienzos, pues el verbo criollo se basta para pintar con precisión. Basta escuchar a una madre diciendo: “Ese niño es un gallito”, a un vecino murmurar “Ese sí es una culebra” o en un colmadón bautizar a su dueño como “El Mono” para que se active toda una narrativa social alrededor de la persona señalada.
La comparación con animales no es gratuita. Cada mote arrastra consigo una percepción colectiva:
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El burro: tozudo, terco, pero también resistente sin obviar el significado picarón por” lo bien dotado”
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El gallo: orgulloso, peleón, con aires de jefe. pero también igual que el anterior tiene su picardía sexual , dícese de aquel que es muy precoz
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El zorro: astuto, calculador, difícil de engañar. Aquel que mientras te habla busca como atraparte en algo, siempre quiere algo y aplica su astucia para obtenerlo
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La gallina: protectora con pollitos detrás o siempre en apuros. Si se dice de un hombre tiene que ver con el poco coraje exhibido.
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El perro: fiel… o chismoso, según el contexto. pero también a aquel que no guarda decencia y se expresa sin reparos o miramientos, sin importar a quien y como ofende con su expresión o gestos o actuación
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El chivo: siempre entre lo ágil y lo sospechoso.
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La culebra (serpiente): traicionera, silenciosa, peligrosa. dícese de aquel que no es fácil de caer en un gancho
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La vaca: lenta pero útil; fuente de alimento, símbolo de mansedumbre.
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El mono: inquieto, brincón, bromista. siempre esta de gracioso o imitador
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El gato: sigiloso, independiente, con nueve vidas., pero si te descuida te roba , dícese del mañoso, descuidista.
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El ratón: calladito, roba sin que se sienta. pero también de aquel que no tiene mucha significación social.
Y así sigue el repertorio que no conoce límites ni clases sociales. Un político puede ser llamado “tiburón”, un joven abusador es “un león”, y una suegra metida es “un ave de mal augurio que no se va nunca”.
Lo más fascinante de este fenómeno es que, a pesar de lo irreverente, rara vez se considera una ofensa grave. En muchos casos, el apodo se vuelve identidad afectiva o incluso parte del nombre con el que se le reconoce públicamente a alguien.
Este tipo de expresiones no solo hacen reír o pensar; también consolidan la dominicanidad. Son parte de nuestro imaginario colectivo y de esa forma tan peculiar que tenemos de narrar la vida con ironía, ingenio y un sabroso toque de picardía.
Hoy más que nunca, cuando la globalización amenaza con disolver lo autóctono, recuperar y celebrar estas estampas nos reconecta con lo que somos: un pueblo que ríe de sí mismo, que habla en imágenes y que hace del lenguaje un espejo de su alma popular.
DANSFD28072025 CIA
