Comentario al Evangelio del Domingo XVIII del tiempo ordinario ciclo C, San Lucas 12, 13-21.

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Por Joaquín Núñez

Nos encontramos en la comunidad de Lucas con un problema de ambición donde dos hermanos discuten por una herencia (Todos conocemos varias familias en las que los hermanos llegan a situaciones de auténtico odio que arrastran sus descendientes).

Nos cuenta una extraña parábola, extraña en el pueblo judío donde la Ley lo deja claro: (Dt. Cap.21,15-17) ”el primogénito hereda el doble que los otros hermanos“. En este caso, debe ser una familia cristiana que plantea a Jesús que reparta la herencia, pues, surge el mismo conflicto fruto de la codicia o avaricia.

Jesús está hablando a sus discípulos diciéndoles algo muy importante: que no tengan miedo a los que pueden matar el cuerpo y después no pueden hacer nada más, (Lc.12, 4 ss). Algo sumamente importante cuando le plantean a Jesús una cuestión individual cargada de codicia. No dando respuesta a estos se dirige a la gente, ”Mirad: guardaos de toda codicia… uno no depende de sus bienes”.

“Un hombre rico tuvo una gran cosecha…” empieza a calcular. Y se dijo…”. Sólo existe él, los demás no importan; por Ley siendo judío se le supone esposa e hijos, si era rico y tuvo una gran cosecha tendría quien sembró, cultivo y cosechó y según sus planes buscaría albañiles para construir sus graneros más capaces; ninguno de ellos aparecen, ninguno le es importante, es incapaz de compartir su alegría, o sus bienes. Ignora la justicia, a quien le sirve para ser rico, a los necesitados o su familia. Ese es el efecto de su ambición, de su avaricia: una auto destrucción de la imagen de Dios, para lo que fue creado, ni tan siquiera la lástima que cualquier persona tiene por los demás.

San Agustín ve la ambición como una manifestación, específicamente, del amor propio que lleva a la búsqueda de bienes terrenos y a la negación de Dios.

Él distingue entre el amor a Dios (caritas) y el amor a uno mismo (cupiditas). La ambición es una fuente de conflictos y desorden en la vida del individuo. La ambición te conduce a la vanidad, al orgullo y la opresión de los demás.

Por el contrario, la generosidad contraria a la ambición, es una virtud moral que implica dar de sí mismo y de los propios bienes, no solo por lo que sobra, sino con un espíritu de amor y entrega a los demás, siguiendo el ejemplo de Dios.Así comprendemos cuando Jesús dice: “necio, esta noche te van a exigir la vida, lo que has acumulado, de quien será?”.

Tu gran fortuna no vale un minuto más de vida. Que triste es ver pasar el tiempo del ambicioso, ver que sus afanes no le dan al amor no compartido, ni tan siquiera la lastima nunca sentida, ni los calmantes de los dolores de su enfermedad o no esperar el consuelo de la fe que nunca le ha llevado al amor a Dios ni al prójimo que nunca ha conocido.

Feliz domingo, que hermoso es querer y sentirse solidarios con los demás y vernos amados de Dios, cuando a todos los sentimos cercanos a nosotros compartiendo nuestros bienes a todos y nuestro amor.

JNSFD

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