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Por Erogue Rosario Fortuna (*)
Desde su origen en la Edad Media, las universidades han sido centros fundamentales para la generación y transmisión del conocimiento.
Son paradigmas o modelos Instituciones como la Universidad de Bolonia ubicada en Italia, fundada aproximadamente en 1088, la que es considerada la más antigua del mundo en funcionamiento continuo y la primera en el sentido moderno de una institución de educación superior, la Universidad de París, también conocida como la Sorbona, fundada en el siglo XII, es una de las universidades más antiguas y prestigiosas de Europa, la Universidad de Oxford ubicada en Reino Unido, fundada en 1096, es la más antigua del mundo angloparlante y la segunda más antigua del mundo en funcionamiento continuo.
Aunque en América, persiste un debate para determinar cuál es la universidad más antigua, si la de Santo Domingo, fundada el año 1538 o la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Perú, fundada en 1551; lo cierto es, que todas ellas marcaron el inicio de una tradición académica que ha perdurado durante siglos.
Nacidas como espacios para el debate intelectual, la investigación y la formación de líderes, las universidades han evolucionado en paralelo con las transformaciones sociales, políticas y tecnológicas del mundo.
En sus primeros siglos, la enseñanza universitaria estaba centrada en el estudio de las artes liberales, la teología, el derecho y la medicina. Con el paso del tiempo, las universidades ampliaron su oferta, incorporando las ciencias naturales, la ingeniería, las ciencias sociales y las artes, adaptándose a las necesidades de cada época.
La innovación ha sido una constante en su desarrollo, siendo un factor clave para el logro de la calidad de la educación, lo cual tomó un mayor impulso con la invención de la imprenta por Johannes Gutenberg alrededor del año 1440, que permitió la difusión masiva del conocimiento, hasta la revolución digital actual. Las universidades han sabido integrar los avances tecnológicos a sus métodos de enseñanza e investigación. Hoy en día, las aulas tradicionales conviven con plataformas virtuales, laboratorios de simulación, inteligencia artificial y experiencias inmersivas como la realidad aumentada y la realidad virtual.
En el siglo XXI, la educación superior se orienta hacia un modelo más flexible, inclusivo e interdisciplinario. Las universidades lideran proyectos de investigación aplicada, colaboran con empresas y gobiernos, y promueven el emprendimiento como motor de desarrollo económico y social. También impulsan la sostenibilidad y la responsabilidad social como ejes estratégicos de su quehacer institucional.
Este proceso de modernización no solo responde a los cambios tecnológicos, sino también a la creciente demanda de profesionales capaces de enfrentar retos globales como el cambio climático, la transformación digital, la movilidad internacional y la equidad social.
La historia demuestra que las universidades no solo conservan el saber, sino que lo reinventan continuamente. Su compromiso con la innovación asegura que seguirán siendo faros de luz, conocimiento y progreso para las presentes y futuras generaciones.
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(*) Autor
Erogue Rosario Fortuna es Coronel PN. Abogado MA Educación Superior. Director de Altos Estudios Policiales.
