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Por Darío Nin (*)
Saludo y felicito a los protagonistas de la reciente regrabación del Himno Nacional Dominicano. Modernizar la sonoridad, cuidar la afinación y acercar nuestros símbolos a las nuevas generaciones es un servicio a la educación cívica. Bien hecho.
Dicho esto, corresponde una alerta: la versión difundida solo incluye las primeras cuatro estrofas. Eso es válido para actos públicos, pues la ley sobre símbolos patrios permite que en ceremonias oficiales se interprete únicamente ese fragmento. Pero esa autorización no convierte el resto del Himno en prescindible.
La Constitución define el Himno —letra y música— como único e invariable. Es decir, su integridad no puede alterarse por usos prácticos ni por ediciones “cortas”. Y cuando haya tensiones entre una práctica o una norma inferior y el texto constitucional, prevalece la Constitución y cualquier interpretación en contrario carece de validez.
Por eso, aunque entiendo la dinámica de radio, TV o redes, no comparto que se “mutilen” las interpretaciones reduciéndolas a cuatro estrofas como regla general. Si se va a promover una versión breve para actos ordinarios, que vaya acompañada —desde ya— de una versión completa, con las ocho estrofas restantes impecablemente grabadas y disponibles en los mismos canales. De lo contrario, la edición corta terminará imponiéndose por inercia y “derogando de facto” los versos que completan el relato histórico y cívico del Himno.
Conviene recordar el trasfondo: esa costumbre de abreviar se consolidó durante la dictadura de Trujillo por razones de tiempo y conveniencia. No hagamos de una práctica autoritaria una norma cultural en democracia. Además, las estrofas que casi nunca se cantan completan la memoria nacional —incluida la Restauración— y elevan el mensaje patriótico. La Patria nos costó doce años de sudor, sangre y lágrimas; bien podemos dedicar menos de cinco minutos a honrarla cantando su Himno completo cuando el acto lo amerite.
Llamado propositivo
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Felicitar públicamente a los responsables de la regrabación y agradecer el aporte.
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Publicar y promover, junto a la versión de uso cotidiano, una grabación integral (letra íntegra y música original), con arreglo moderno pero sin afectar su unicidad e invariabilidad.
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Recomendar a instituciones públicas y privadas usar la versión completa en ceremonias conmemorativas y actos solemnes, reservando la versión breve para actos ordinarios.
Que la modernidad no signifique recortar la memoria, sino multiplicar la difusión de toda nuestra historia. Si vamos a regrabar, enmendemos y que la gloria sea plena.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. ¡Que Dios nos continúe bendiciendo!!!
(*) El autor es Abogado, psicólogo clínico (MA)\Especialista en Derechos Humanos e Internacional Humanitario. Actualmente es el Segundo Adjunto del Defensor del Pueblo de la Republica Dominicana. Desarrolla los Conversatorios El Costo de una Patria en Sudor Sangre y Lágrimas, El consto de una Patria Restaurada y El Costo de la Democracia, tanto en el ámbito Nacional como en el Internacional.
