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Por Joaquin Núñez
Quizá, muchos de nosotros hemos pedido lo mismo y de la misma manera que lo que Lucas pone en boca de los apóstoles: “Auméntanos la fe”.
Jesús, con una forma de hablar, dice, ”Si tuvierais Fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: Arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería.
Os he dicho que es una forma de hablar, porque la fe o se tiene o no se tiene, se tiene una creencia que se puede o no ensanchar.
Podemos recitar el Credo mil veces, no aumenta nuestra creencia. La fe es lo que hace exclamar a Agustín: “¡tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé!… Tú estabas en mí y yo fuera.” O a San Juan de la Cruz, que la define como el ”medio de unión del alma con Dios”.
Considera que la fe es fundamental para llegar a la unión con Dios. Para Teresa de Ávila, la fe como la forma de conectar profundamente con Dios. Es una experiencia de la reseña de Dios en nuestra vida, así la definen los grandes Santos y místicos.
La teología la define como una virtud teologal que perfecciona la inteligencia y la voluntad del ser humano, permitiéndole conocer y amar a Dios.
De forma práctica es el motor fundamental de la Caridad en la Iglesia, ya que impulsa a los creyentes a amar a Dios y al prójimo, a servir con las mismas entrañas de Dios, a trabajar por la justicia social, a vivir en comunidad y solidaridad.
Lo que sigue del evangelio, lo del dueño (en este caso Dios) o del que sirve, la persona de fe que se goza en servir, no a su dueño, sino a su Padre. Solo de una fe enamorada, pues de esto se trata, comprende el razonamiento de Jesús, que enseña Lucas a su comunidad y también a nosotros.
Si hemos de examinar desde el amor de Dios nuestras comunidades, caeremos en la cuenta de que todos nos conocemos, nos saludamos y a veces juzgamos desde el más radical desconocimiento, simplemente por suposiciones. No servimos al Señor, ignoramos al Señor si estamos sin la fe que nos orienta a la caridad amorosa con los demás.
La comunidad se construye interesándose por los demás, porque la fe nos empuja a que son mis hermanos. Si estamos atentos conocemos que los grandes conocedores-amantes de Dios, comparten “su tesoro” haciendo grupo, comunidad de alegría. Así, san Agustín hace comunidad de amigos, característica de los agustinos; el año 386, después de su conversión, reúne a un grupo de amigos compartiendo sus bienes dedicándose a la oración y al estudio. Allí escribió su “Regla de vida para los hermanos” (Xavier Picaza, Historia y Doctrina de los Padres de la Iglesia). Regla que han seguido las demás reglas, válida hasta hoy.
Quizá no advirtamos la virtud que acompaña la fe. El Señor concluye; ”Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”; reflexión de acción de gracias con la más hermosa humildad, que nos engrandece.
Feliz domingo a todos/as celebremos nuestro amor a quien más nos ama sirviéndole en nuestro amor a los hermanos. Que la Virgen del Magnificat nos haga decir con ella: “derriba a los poderosos de sus tronos y enaltece a los humildes.
El Prior de la Sangre.
SFDJN30092025
