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Por: Dr. Darío Nin
Sin Fronteras Digital – Fe, conciencia y palabra viva
En sus últimos días, el rey David no habló de conquistas ni riquezas, sino de obediencia.
Llamó a su hijo Salomón y le dijo:
“Sigue el camino de todos, esfuérzate, y sé hombre. Guarda los mandamientos del Señor.”
Aquel consejo no fue solo una instrucción dinástica; fue un legado espiritual.
David comprendió que el Reino no se perpetúa por herencia de sangre, sino por fidelidad a Dios.
La prosperidad del pueblo dependía de la integridad de su líder.
Ese principio sigue vigente: el liderazgo sin obediencia es vacío,
y la herencia sin fe es ruina.
El traspaso de David apuntaba a uno mayor:
Jesucristo, hijo de David, heredero del trono eterno.
Él no solo transmitió un reino, lo transformó en una nueva creación.
Su cruz fue la firma del pacto perpetuo:
el Reino de Dios no se hereda, se recibe por fe y obediencia.
Hoy el llamado sigue siendo el mismo:
esfuérzate, sé hombre, guarda su Palabra,
y el Reino de Dios continuará en ti.
Nos volveremos a ver en el camino, Hasta la próxima. Que Dios nos continue bendiciendo!!!
Sabiendo que partiré,
dejo mi voz en tu vida. (X2)
Que la Palabra sea tu senda,
tu fuerza y tu guía.
[Chorus]
Esfuérzate, sé hombre de Dios,
guarda el fuego de Su amor.
Si caminas en Su verdad,
el Reino en ti vivirá.
[Verse 2]
David habló y el cielo escuchó,
Salomón heredó la misión.
Y hoy en Cristo se cumplió,
el Reino eterno resplandeció.
[Bridge]
De David al Mesías, la promesa siguió,
en la cruz de Jesús el Reino nació.
[Final Chorus]
Esfuérzate, sé hombre de Dios,
guarda el fuego de Su amor.
Si caminas en Su verdad,
el Reino en ti vivirá.
