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Por: Dr. Darío Nin
Sin Fronteras Digital – Fe, conciencia y palabra viva
Texto base:
Evangelio de Juan 11:1–16
“Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.” (v.11)
Introducción
Hay momentos en la vida en que las palabras sobran y el alma solo busca consuelo.
Hoy nos reunimos no solo para despedir un cuerpo, sino para recordar una vida y escuchar una voz que trasciende la tumba:
la voz de Jesús, que dice:
“¡Despierta! No temas. Yo soy la resurrección y la vida.”
En la historia de Lázaro encontramos el reflejo de nuestra fragilidad humana,
pero también la evidencia del poder de Dios sobre la muerte.
Jesús no llegó cuando todos esperaban; llegó cuando ya no había esperanza…
y precisamente por eso su llegada fue gloriosa.
🔥 Desarrollo
1️⃣ Jesús llega” tarde” pero nunca demasiado tarde
Marta y María le habían enviado un mensaje:
“Señor, el que amas está enfermo.”
Esperaban una intervención inmediata.
Pero Jesús se detuvo dos días más en el camino.
A los ojos humanos, parecía indiferencia; a los ojos de Dios, era propósito.
Porque cuando el hombre dice: “Ya no hay nada que hacer”,
Jesús dice: “Aún no he terminado.”
Él no llega tarde, llega al tiempo del milagro.
2️⃣ La enfermedad no es el fin, sino el escenario de la gloria
Jesús declaró desde el principio:
“Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios.”
No significa que el dolor sea bueno, sino que Dios puede sacar gloria incluso del dolor.
Cada lágrima tiene valor, cada pérdida puede transformarse en testimonio.
Jesús no niega el llanto; Él mismo lloró.
Pero cuando Jesús llora, la muerte tiembla.
3️⃣ “Nuestro amigo Lázaro duerme” — Jesús redefine la muerte
Para Jesús, la muerte no es el final, sino un sueño del que solo Su voz puede despertar.
La humanidad ve un cuerpo sin vida; Dios ve un alma en reposo esperando Su llamado.
Cuando Jesús dice: “Voy para despertarle”,
nos revela que solo Él tiene autoridad sobre el sueño eterno.
Él no dijo: “Voy a consolar a las hermanas.”
Dijo: “Voy a despertar a mi amigo.”
Porque Jesús no consuela la muerte; Jesús la vence.
4️⃣ La fe que transforma el duelo
Marta le dijo:
“Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.”
Pero Jesús le respondió:
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
Esta es la clave de todo mensaje cristiano:
la fe no evita la muerte, pero vence su poder.
El creyente no se despide para siempre,
sino que se adelanta al descanso, esperando oír la voz que dirá:
“Ven fuera.”
💧 Aplicación al presente
Hoy no solo despedimos a un hermano amado;
también escuchamos un llamado:
Jesús sigue diciendo: “Despierta.”
No solo a los que duermen en el sepulcro, sino a los que caminan dormidos en vida:
quienes viven sin propósito, sin esperanza, sin Dios.
El milagro de Lázaro no fue solo volver a respirar,
fue volver a creer.
Y ese mismo llamado está hoy frente a nosotros:
Jesús es quien llama.
✝️ Conclusión
Cuando Jesús llegó al sepulcro, dijo:
“Quitad la piedra.”
Esa piedra simboliza lo que nos separa de la fe: la incredulidad, el miedo, el pecado.
Y cuando Lázaro salió, aún atado, Jesús ordenó:
“Desatadle y dejadle ir.”
Así también hoy, Jesús no solo llama, sino que libera.
Porque la muerte no tiene la última palabra; Cristo la tiene.
El cuerpo descansa, pero el alma sigue viva en las manos de Dios.
Y quien hoy escuche su voz, vivirá para siempre.
“Despierta, porque Jesús es quien llama.
Y cuando Él llama, ni la muerte puede resistir.
Dania
