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En audio
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Gracias, Dios, por este don que pusiste en mis manos,
por este guante que guarda mis sueños
y por este madero que convierte mis esfuerzos en esperanza.
Hoy no juego solo por mí. Juego por los que creyeron en mí.
Por mi familia que esperó conmigo.
Por mi barrio que sueña a través de mí.
Por mi historia que aún está en construcción.
Si la vida me da victorias, dame humildad.
Si me toca perder, dame carácter.
Si el camino se hace duro, dame resistencia.
Que nunca me falte disciplina cuando el talento no baste.
Haz que mis pasos hablen más que mis palabras.
Haz que el respeto a mi rival me haga más grande,
porque mi competidor no es mi enemigo:
es el hermano que Dios puso frente a mí para medirme a mí mismo.
No permitas que la fama me robe el alma
ni que el dinero me quite la conciencia.
No me dejes olvidar que soy ser humano antes que atleta,
y que el verdadero éxito está en cómo vivo, no solo en cómo juego.
Que ninguna gloria me haga olvidar de dónde vengo
ni ninguna caída me impida ver hasta dónde puedo llegar.
Que mi vida sea ejemplo,
que mis manos devuelvan oportunidades,
que mis pasos abran caminos
y que mis logros inspiren a otros a creer en los suyos.
Hoy entro al terreno con fe, con coraje y con propósito.
Porque nací para luchar limpiamente,
para crecer con carácter
y para honrar la vida con lo mejor de mí.
Amén.
