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Por Darío Nín
Para Sin Fronteras Digital
La historia de la humanidad está marcada por momentos en que el pensamiento vence al poder, y la razón se impone sobre el dominio. Uno de esos momentos ocurrió en Atenas, hace más de 2,500 años, cuando un hombre llamado Pericles transformó la organización política de su pueblo y dio forma a lo que hoy conocemos como democracia.
La palabra democracia viene del griego demos (pueblo) y kratos (poder): el poder del pueblo. Sin embargo, antes de Pericles, ese poder era solo una idea en construcción. Fue Clístenes, alrededor del año 508 a.C., quien sembró las bases de un sistema donde los ciudadanos pudieran participar en las decisiones del Estado. Pero fue Pericles quien le dio cuerpo, alma y sentido humano a esa idea.
Durante su liderazgo (461–429 a.C.), Pericles convirtió a Atenas en el faro del mundo antiguo. Logró que los más pobres, pudieran participar en los asuntos públicos, pagando un salario a quienes servían como jurados o funcionarios para que nadie quedara fuera por falta de recursos.
Fortaleció la Asamblea Popular, donde todos los ciudadanos podían debatir, votar leyes y decidir sobre la guerra o la paz.
Su visión transformó la política en un acto de servicio colectivo.
Bajo su impulso, Atenas vivió su mayor esplendor cultural. El arte, la filosofía y la educación florecieron como pilares de una ciudadanía crítica, capaz de pensar, sentir y actuar con conciencia. ideal o principio que de alguna manera coincide con nuestra idea de educación trípodeica con su principio filosofico, sentir, pensar y actuar (SEPA)
Volvamos a Pericles y recordemos de él que en su famoso “Discurso fúnebre,” dejó para la historia una definición inmortal: “Nuestra constitución se llama democracia porque el poder no está en manos de unos pocos, sino de la mayoría.”
Con él, la democracia dejó de ser un experimento político para convertirse en un modelo de dignidad humana, en el que el pueblo no solo elige, sino que también participa, opina y construye.
Podríamos decir que Pericles comprendió que una nación no se mide por la riqueza de sus templos, sino por la justicia de sus leyes y la sabiduría de su gente.
Así nació la democracia… y así creció: del pensamiento libre a la acción solidaria, del sueño de unos pocos al derecho de todos.
Esa democracia que nació hace mas de 2500 años, hoy se debe resembrar desde la educación ciudadana, una educación que busque su concienciación, pues cuanto mas elevado sea el grado de educación en el ciudadano ( dije educación no de información), es muy probable que apoye los valores y las prácticas democráticas que lo empoderan y liberan. En consecuencia la democracia y la educación deben andar de la mano, porque lo que debe buscar la educación es la formación de personas libres, racionales y responsables, que es lo que se necesita, para vivir en democracia como lo afirma el filósofo, amigo y mentor Angel Palacio.
Nos volveremos a ver en el camino.
Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.
Darío Nín
SDRDSFD08112025 Dania
