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Por Joaquín Núñez
“Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”, esta frase de Jesús nos lleva a considerar, que sabían los judíos sobre la santidad del Templo. Cuando eran, en el desierto, itinerantes, el Tabernáculo estaba en una tienda en medio del campamento.
El Rey Salomón le construyó un Templo en Jerusalén. San Mateo, en esta misma escena, pone en boca de Jesús las palabras más conocidas y usadas por nosotros: ”Mi casa es casa de oración, pero vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones”(Mateo 21, 13).
Hoy celebramos la dedicación de la Basílica dedicada al Salvador que el año 324, en un lugar propiedad del emperador Constantino, junto al monte Celio, consagró el Papa San Silvestre. Es la Catedral del obispo de Roma, a quien se considera “Madre y Cabeza de todas las iglesias de la Ciudad y del Mundo”. Simboliza y es símbolo de la unidad de la Iglesia.
El templo cristiano es una imagen que no tuvieron ni los Apóstoles, ni los Padres apostólicos, ni los discípulos de los Apóstoles, es más, era una palabra profana contraria a la vida cristiana, tampoco las palabras altar, sacerdote, templo, y todo lo que usaban las religiones circundantes.
Jesús no funda ninguna religión, nos ofrece una Vida, la suya, ”Vendremos a él y haremos morada en él“, y San Pablo en I Cor.6,19-20 nos dice “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”. También somos “piedras vivas y escogidas” como comunidad unida a Cristo, como “Piedra angular”.
Veis que cito mucho a San Agustín, lo hago con toda la intención por ser un hombre que cierra y abre un periodo a partir del cual, la ciencia teológica se abre paso, de tal manera que no ha perdido actualidad y toda la teología cuenta con su pensamiento.
El Papa Benedicto XVI estudió su teología en la Tesis Doctoral, con el siguiente título “Pueblo y casa de Dios en la doctrina de San Agustín sobre la Iglesia”.
San Agustín nos enseña acerca del Templo, partiendo de la frase de San Pablo, en la citada primera carta a los Corintios.
El doctor de la Gracia nos afirma que el alma en gracia es templo del Espíritu Santo, que infunde en el alma la complacencia y el amor al bien, está gracia permite al hombre vivir de manera justa y santa. La idea del hombre como templo de Dios es central en la teología de San Agustín.
¿A qué nos compromete hoy a nosotros la frase de San Pablo? el sabernos posibles templos de Dios y al de nuestros semejantes. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios que nos dice: “vendremos a él y haremos morada en él”, “será nuestra casa, nuestro Templo” si nos abrimos a su gracia; pero a eso es llamada toda la humanidad, por eso nuestro respeto a toda la creación; el respeto y amor que San Francisco cantó a toda criatura en el “Cántico del Hermano sol”. Nadie nos puede ser extraño, ni ajeno a nuestro amor.
No podemos negarnos a lo que Dios amó cuando pensó en crearnos.
Somos responsables por ser todos hijos de Dios, de toda la Creación. A un cristiano no se le pueden descubrir los derechos humanos ni el cuidado de esta Tierra, eso está en la palabra de Dios, nuestra pereza nos ha hecho olvidar y entender lo que ya está claro desde él Génesis pasando por los profetas
Nuestra urgencia teológica nos ha llevado a atender otros intereses. En el presente, siguiendo “los signos de los tiempos”, nos han acercado a lo que con todo derecho está claro desde el primer momento en el que Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza“ y los bendijo, “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y someterla”.
Esto supone, que el hombre, es el responsable de toda la creación. Dios lo creo “y vio Dios que era bueno” y lo bueno lo hemos de conservar, porque la Creación entera es el Templo De Dios.
Feliz Domingo llenos de alegría por saber que somos
amados de Dios, que podemos ser su templo sagrado y que los que nos acompañan también, que no podemos mirar nuestro ego, sino hacernos cercanos a los demás, para que como hijos de Dios formemos su Templo como piedras vivas y escogidas donde Jesús es la “Piedra Angular”.
El Prior de la Sangre.
