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En audio
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Hoy quiero hablarte del hombre.
No del hombre que heredó violencias… sino del hombre que decide transformarse.
Vivimos en una sociedad donde al hombre se le enseñó a mandar… pero no a sentir.
A imponerse… pero no a dialogar.
A guardar silencio… pero no a sanar.
Y cuando un hombre no sabe sentir,
y no sabe pensar lo que siente,
termina actuando desde la violencia.
Por eso, este panel no es un juicio.
Es una invitación.
Una invitación a volver al diseño original:
El de la complementariedad.
El de la alianza.
El de la armonía.
La Biblia no dice que la mujer es menos.
Dice que es vaso frágil porque aquello que es valioso se protege, no se golpea.
Dice que el hombre es cabeza, no para dominar, sino para servir y dar dirección con amor.
El cuerpo y la cabeza no compiten.
Se necesitan.
Se cuidan.
Se completan.
Y así como Cristo entregó Su vida por la iglesia,
el hombre está llamado a entregar su ego, su orgullo, su dureza…
para dar paso a un amor que construya.
La trípodeica nos enseña que el ser humano debe sentir, pensar y actuar.
Tres piernas.
Tres columnas.
Tres pilares.
Cuando una falla…
el hombre cojea.
La violencia aparece.
Pero cuando las tres están firmes,
nace el hombre nuevo.
Un hombre que se reconoce.
Que nombra sus emociones.
Que controla su guerra interna.
Que pasa de ser consumidor de paz… a creador de paz.
Hombre nuevo…
cultura nueva.
Porque cuando yo cambio,
todo empieza a cambiar alrededor.
Y hoy…
este escenario, esta sala, esta conversación…
pueden ser el primer paso hacia ese cambio.
