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Por Dario Nin

Título: “Sinergia de Sueños”

(Para música suave, cuerdas y piano)

Anoche entendí una verdad
que llevaba quince años dormida en mí.
La frase que repetí tantas veces,
“hay que dar hasta que duela”,
por fin dejó de ser teoría.
Se volvió carne.
Se volvió vida.

En una casa humilde,
a miles de kilómetros de donde sembré esa semilla,
vi cómo se entrega el alma de verdad.
Gente sin abundancia,
gente que lucha cada día,
gente que no tiene sobra…
pero tiene corazón.

Nos dieron su cama.
La de ellos…
y la de sus hijos.
Nos dieron su pan,
ese pan que para ellos vale más que el oro.
Se quedaron en la incomodidad
para vestirnos de comodidad.
Abrazaron el frío
para abrigarnos con su calor.

Y cuando todos se durmieron,
cuando la casa quedó en silencio,
se escuchó aquella música profunda…
un concierto de ronquidos.
Un concierto humilde, entregado,
como el suspiro de un alma que descansa
después de haber amado sin reservas.

Ahí entendí
que dar hasta que duela
no es dar de lo que te sobra…
es compartir la escasez.
Es partir tu pan en dos,
aunque solo tengas uno.
Es entregar la manta,
aunque el frío te muerda la piel.
Es comer lo amargo
como si fuera un manjar,
porque otro tiene hambre.

Anoche, mi alma lloró…
pero no de tristeza,
sino de vergüenza y de revelación.
Porque me di cuenta
de cuánto me falta entregar,
de cuánto me quejo,
de cuántas veces amo a medias.

Y entendí también
que Dios multiplica la fuerza
solo en aquellos que ya no tienen ninguna.
Que el milagro ocurre
cuando el corazón se rinde
y se entrega sin cálculo.

Lo que viví
no fue hospitalidad.
Fue una lección.
Una llamada.
Un despertar.

Y mientras escuchaba
ese concierto de ronquidos
que llenaba la casa como un abrazo,
supe que había presenciado
algo sagrado:
la sinergia de sueños
de quienes dan,
de quienes aman,
de quienes viven…
hasta que duela.

DANSFDME29112025 (Dania)

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