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Por Joaquin Núñez
Audio musicalizado.
Parece ser que san Juan Bautista es fundamental en el Adviento. Sacando conclusiones nos damos cuenta que, su importancia es tanta, que los cuatro evangelistas nos traen la escena.
No tiene nada que ver con la Navidad, pero si con el inicio de la vida pública de Jesús. De alguna manera, con el inicio de la misión y razón de la Encarnación: enseñar con su propia vida, muerte y resurrección, cumpliendo la voluntad del Padre.
Con el estilo propio de Mateo, Juan llama a la conversión invocando al profeta Isaías, lenguaje que entiende su comunidad judía y nosotros mismos hoy, una actitud que no hemos de perder, pues no se está convertido del todo y siempre estamos en camino de perfección.
La desnudez de Juan indica la libertad y no esclavitud de los valores de este mundo, que nos atan a nuestro ego, cerrando nuestros ojos a la Verdad que nos dice: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11,29-30).
Vivimos tiempos difíciles, tiempos de vacuidad, tiempos lejanos a oír lo que Jesús nos enseña, aquello que el Padre nos ordena al decirnos “Este es mi hijo amado, escuchadle.(Mt. 17:5; Mc. 9:7; Lc. 9:35).
Así formulado no lo encontramos en San Juan. Esta cita se refiere a la Transfiguración en que Jesús quiere fortalecer y orientar la Fe de la que han de vivir y enseñar a toda criatura, y que repite la escena del bautismo de Juan Bautista.
La Navidad que esperamos no es una fiesta de recuerdo, es una presencia de la Palabra del Padre, Palabra no escuchada en una sociedad que va a festejar una fiesta cada vez más despersonalizada.
¿Cuál ha de ser nuestra actitud en medio de esta sociedad que se define cristiana ignorando al mismo Cristo?. Hemos de detenernos y reflexionar y orar sobre nuestra actitud hacia Dios y hacia la fe.
Predicar con humildad y docilidad y enseñar viviendo a Jesús como Hijo de Dios, que nos dice ”Yo soy el Camino la Verdad y la Vida”, en esta sociedad sin norte.
San Agustín, para mí un santo atemporal, a pesar de ser un hombre de los siglos IV-V, y que hoy tiene la fuerza que todos necesitamos, que nos habla de la fuerza de la Escucha. Cuando escuchamos a Jesús podemos conocerlo mejor y seguirlo en su Camino.
En esta sociedad que valora el individualismo y la autosuficiencia, la escucha nos advierte que necesitamos a Dios. Vivimos en esta sociedad creyente-atea que ignora a Dios o relega lo que llama Fe a un segundo plano o en un recuerdo en determinadas fechas.
San Agustín nos invita a ser valientes y proclamar nuestra fe en este mundo que lo rechaza.
Nos urge escuchar y aprender las enseñanzas que nos manda el Padre oyendo a Jesús; el Jesús que, por humildad y mansedumbre, lo sorprendemos en la cola que pide el bautismo de purificación de Juan el Bautista, distinto del que nos bautizará en el Espíritu Santo.
Dicen que está de moda lo católico, y hay quien se alegra como si fuera un descubrimiento de Jesús como Camino, Verdad y Vida. Pero creo que, como moda, es algo pasajero y sin fondo, sin profundidad y además, a decir verdad, ¿dónde están aquellos que con mucha preparación y paciencia están para escuchar y amar, para hacer descubrir, no mi saber, sino para dejar libres a quienes buscan y quieren descubrir al Jesús bueno que se abre a quien le busca y le dice: sígueme?.
San Agustín se convirtió a los 33 años, gustó de todo, lo bueno y lo malo, comprendió y tuvo la paciencia, la que Dios tuvo con él. Y el Jesús amigo le enseñó a tener amigos y hacer una comunidad de amigos.
Feliz segundo Domingo de Adviento, caminamos a una celebración amorosa, donde solo amar lo que conocemos es lo que por amor enseñamos y vivimos. La Madre de Amor hermoso no acompañe.
El Prior de la Sangre.
JNSFD05122025 (Dania)
