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LA CONVIVENCIA EN PAREJA ES UN ARTE

Por Dario Nin

Durante el noviazgo casi todos actuamos.
No por maldad, sino por miedo.
Mostramos lo mejor de nosotros como si alguien estuviera grabando un programa de televisión llamado “Un día perfecto en mi vida”. Sonreímos más, discutimos menos, escondemos los bordes, maquillamos las grietas.
Pero la convivencia no es televisión. Es vida real, sin edición, sin aplausos, sin repetir la toma.

Y entonces aparece el desengaño.
“Éramos más felices antes de casarnos”.
No.
Éramos menos reales.

Nos dijeron que existe alguien que nos completa, que basta encontrarlo para que todo encaje. Pero nadie llega incompleto a una relación: llegamos inacabados. La pareja no es una media naranja; son dos personas enteras, con historias distintas, heridas distintas y sueños distintos, aprendiendo a convivir sin anularse. Buscar que el otro nos complete es condenarlo al fracaso, y condenarnos a la frustración.

Enamorarse del yo ideal es fácil. Convivir con el yo real es el verdadero desafío. El yo real se cansa, se equivoca, tiene días malos, necesita silencio, no siempre sabe amar bien. La convivencia empieza cuando dejamos de actuar y nos atrevemos a ser.

Por eso la convivencia no es instinto, no es magia, no es suerte.
La convivencia es arte.
Y todo arte se estudia, se practica, se corrige y se vuelve a intentar.

El arte de convivir empieza por amarte, por conocerte sin mentirte. Continúa por soportarte, aceptar tus límites sin justificarte, y por soportarme, sin usar mis defectos como armas. Es acariciarte con manos, palabras y silencios, acompañarte sin invadirte, no amarrarte porque el amor sin libertad se pudre. Es administrarte: saber cuándo dar, cuándo callar, cuándo parar. Eso no se promete una vez; se decide todos los días.

Amar no es vigilar, no es controlar, no es poseer. La libertad no destruye el amor; lo destruye el miedo. Dos personas libres que se eligen son más fuertes que dos personas atadas que se soportan.

No se casen para ser felices, porque la felicidad no se garantiza. Cásense para aprender a amar mejor, para crecer sin anularse, para elegirse incluso cuando cuesta, para quedarse cuando el teatro se apaga. Porque la convivencia no es un cuento, no es una fantasía ni una promesa eterna. La convivencia es un arte vivo, imperfecto, humano, real. Y como todo arte verdadero, se construye cada día, sin aplausos, sin máscaras y sin huir cuando cae el telón.

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