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Narrativa de las Bienaventuranzas
Jesús, al ver a la multitud, subió a una montaña. Sus discípulos se acercaron, y Él, sentado, comenzó a enseñarles.
Dijo que dichosos eran los pobres que confían en Dios, porque a ellos pertenece su Reino. Felices quienes ahora sufren y lloran, porque serán consolados, y quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra; los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia; los de limpio corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Jesús también dijo que felices son los que son perseguidos por causa de la justicia y por causa de su nombre, porque grande es su recompensa en el cielo. Aunque sean insultados, excluidos o calumniados por seguirlo, no deben desanimarse, sino alegrarse: así también fueron tratados los profetas que vinieron antes.
Pero advirtió: ¡ay de aquellos que ya se sienten satisfechos y seguros solo con lo que poseen! Ay de los que ahora ríen sin Dios, porque llorarán; ay de los que se buscan halagos y aplausos, porque así trataron también a los falsos profetas.
Jesús llamó a escuchar estas palabras con corazón humilde, porque en ellas se revela el camino del Reino.
DANSFDSDERD25122025 (Dania)
