|
En audio
|
El fin de la apariencia: soberanía, intervención y el nuevo reordenamiento global
Por Dario Nin
El 3 de enero, el mundo despierta con la noticia de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas de élite de Estados Unidos. Este acontecimiento no solo es un hito geopolítico, sino también una confirmación de una realidad incómoda: la soberanía de los Estados, en la práctica, se garantiza no solo por tratados internacionales, sino por el poder de defender esa soberanía.
El fin de las apariencias diplomáticas: Durante décadas, la retórica internacional ha girado en torno a la no intervención, la igualdad entre los Estados y el respeto a la soberanía nacional. Sin embargo, los acontecimientos recientes muestran que estas premisas están siendo dejadas de lado cuando las potencias deciden actuar de acuerdo a sus intereses estratégicos.
Lo sucedido en Venezuela y las operaciones unilaterales de Estados Unidos contra buques sospechosos de narcotráfico, reflejan un cambio en las reglas del juego. Ya no se trata solo de diplomacia o de foros multilaterales, sino de la capacidad de imponer un orden basado en la fuerza. En este nuevo escenario, la soberanía parece garantizada solo para aquellos Estados que poseen la capacidad militar o el amparo de alianzas poderosas que disuadan cualquier intervención externa.
El papel de las grandes potencias: Estados Unidos, China y Rusia. No es solo Estados Unidos el que redefine las normas. China y Rusia, por su parte, han mostrado en múltiples escenarios que también están dispuestas a actuar en función de sus intereses estratégicos, muchas veces sin pasar por el filtro de las formalidades diplomáticas tradicionales. Lo que emerge es un nuevo orden multipolar donde las potencias actúan según sus propias agendas y los Estados más débiles deben alinearse con uno u otro bloque para garantizar su supervivencia. Lo que de hecho es claudicar su independencia y soberanía ante un jefe trasfronterizo
¿El fin de la democracia como la conocíamos? Más que hablar del “fin” de la democracia, quizá estamos viendo el fin de la forma diplomática con la que se la envolvía.
Los principios de no intervención, igualdad jurídica entre los Estados y respeto a la soberanía han sido parte del lenguaje oficial del sistema internacional desde mediados del siglo XX. Sin embargo, los hechos recientes muestran que, cuando los intereses vitales de las potencias entran en juego, esas normas se vuelven flexibles, interpretables… o directamente se dejan de lado.
Y esta realidad no es exclusiva de Estados Unidos. Un mundo de potencias que actúan a cara descubierta se instaura de manera global
Estados Unidos continúa actuando como garante de su seguridad nacional más allá de sus fronteras, muchas veces justificando acciones unilaterales en nombre de la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico o la defensa de la democracia. Para Washington, la capacidad de proyectar poder es vista como condición de estabilidad.
Rusia, por su parte, se ha afirmado como potencia dispuesta a usar su fuerza militar para defender zonas que considera de influencia estratégica. Su narrativa habla de seguridad y defensa preventiva, pero el resultado práctico es el mismo: la fuerza condiciona la política.
China ha elegido un camino aparentemente distinto pero no menos decisivo: combina expansión económica, diplomacia de infraestructura y creciente modernización militar. Evita —en lo posible— intervenciones directas, pero consolida posiciones y dependencias que, llegado el momento, también se traducen en poder.
Lo común entre estas tres lógicas es claro: la soberanía “real” se sostiene en una mezcla de capacidad militar, influencia económica y alianzas estratégicas.
En este contexto, los Estados sin capacidad de autodefensa suficiente o sin redes de alianzas sólidas se ven forzados a elegir: alinearse con un bloque, mantenerse “neutrales” mientras puedan, o aceptar condicionamientos externos para sobrevivir. ¿Quizás haya una nueva potencia que sin territorio aún reclame un pedazo del pastel global? Caray… el poder de la imaginación…
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.
DANSRLVRD03012025 (Dania)
