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Comentario al Evangelio del Domingo del Bautismo del Señor, Mateo 3,13-17.
Por Joaquin Núñez
La riqueza del fragmento del evangelista San Mateo, llamado del Bautismo del Señor, se oscurece por una tradición que subraya un hecho circunstancial, que en realidad carece de importancia.
Si nos asomamos a la escena veremos una larga fila de personas que por la predicación de Juan el Bautista quieren recibir un bautismo de Purificación, muy común en las religiones de oriente, que no es una ley judía.
La frase “No he venido a llamar a justos sino a pecadores”, como afirma en (Mt.9,12-13), (Mc.2,17), (Lc.5, 31-32). Es central, como vemos, que la repitan los sinópticos. Jesús se mezcla en un grupo de quienes se consideran pecadores, los que la sociedad judía consideraba “impuros”. Es un escándalo que Jesús se mezcle con los “pecadores”, sin embargo Jesús trata con Misericordia e inclusión, más que en juicio, y exclusión.
El bautismo de Juan llama una conversión, al ponerse Jesús en la fila es para identificarse con los pecadores y mostrar su solidaridad con ellos, cosa que vemos a lo largo del evangelio. Nos sirve a nosotros de ejemplo para ser más acogedores y menos juzgadores, sobre todo con aquellos que buscan una conversión o renovación.
Dentro de este bautismo colectivo purificador, al margen de la Ley judía, es el momento clave que marca el inicio de su ministerio público y que tiene el gran aval de revelación de la Santísima Trinidad.
La Iglesia Católica, como leemos en este evangelio de San Mateo (3,13-17), celebra el bautismo de Jesús. Lo más importante no es el bautismo, lo más importante es, “Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él”; y lo más importante, “Y vino una voz de los cielos que decía: <Este es mi Hijo amado, en quien me complazco>”.
Vemos que este bautismo de purificación no es la causa, es una circunstancia, Dios no escoge, igual que en el nacimiento, un momento solemne en un marco más sagrado para consagrar el inició de la Misión de Jesús, escoge en medio de un rito ajeno a la Ley, toda una intención que Jesús dará testimonio a lo largo de su vida evangelizadora.
Lo más importante es que el plan de Dios se inicia en medio de pecadores a los que quiere redimir por amor, celebrando un rito ajeno a la Ley, como es un bautismo de purificación, pero que solo Él es quien purifica por amor de Padre.
En realidad es una Teofanía relatada por los tres sinópticos y siempre en imperativo.
Si, podemos recordar nuestro propio sacramento bautismal, reiniciar con Jesús cuál es la voluntad de Dios nuestro Padre, no para juzgar, sino para salvar a nuestros hermanos.
Feliz domingo con el que cerramos el tiempo navideño, antes duraba hasta el día dos de febrero. María Candelaria nos encamine a la Luz verdadera.
El Prior de la Sangre.
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