|
En audio
|
EE.UU.: ¿protagonista o villano?
Por Darío Nin
“En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira: todo es según el color del cristal con que se mira”. Este refrán resume, con sorprendente precisión, el debate alrededor de la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Dependiendo del punto de vista, su presencia puede verse como un intento de apoyo democrático o como una injerencia que responde a intereses propios.
Para muchos, Estados Unidos aparece como un protagonista necesario frente a la crisis venezolana. Argumentan que el deterioro económico, el debilitamiento de las instituciones, las denuncias de violaciones de derechos humanos y el éxodo de millones de venezolanos exigían algún tipo de reacción internacional. Desde esta perspectiva, las sanciones, la presión diplomática y el respaldo a sectores opositores se interpretan como herramientas para promover elecciones libres y frenar prácticas autoritarias. Bajo esta mirada, la inacción sería equivalente a mirar hacia otro lado.
Sin embargo, existe otra lectura igualmente extendida. En ella, Estados Unidos no actúa por altruismo, sino movido por intereses geopolíticos y energéticos. Se sostiene que las sanciones han profundizado el sufrimiento cotidiano de la población, afectando especialmente a quienes menos tienen. El apoyo abierto a cambios de gobierno se percibe como una violación del principio de soberanía y como repetición de un patrón histórico de intervenciones en América Latina. Con este cristal, EE. UU. aparece como un villano que busca preservar su influencia regional más que defender la democracia.
Entre ambas visiones hay un amplio territorio de matices. En Venezuela coexisten demandas reales de libertad y justicia, así como consecuencias indiscutibles de las presiones externas. A su vez, intervienen múltiples actores con intereses propios: el gobierno, la oposición, potencias regionales y países con ambiciones globales. Reducir el debate a héroes y villanos simplifica una realidad compleja y, en ocasiones, termina distorsionándola.
Quizás el desafío consista en mirar más allá de los extremos. Reconocer que Estados Unidos es un actor poderoso, capaz de influir de manera decisiva, pero también entender que sus acciones pueden tener efectos inesperados o contraproducentes. Y, sobre todo, recordar que ninguna solución duradera puede imponerse desde fuera.
Al final, como dice el refrán, todo depende del color del cristal con que se mire. Para unos, EE. UU. aparece como el protagonista que intenta abrir caminos. Para otros, es el villano que complica aún más el escenario. Tal vez el camino esté en aceptar que ambos cristales existen y en trabajar hacia una salida donde prevalezcan el diálogo, el respeto a los derechos humanos y la voluntad del pueblo venezolano por encima de cualquier agenda externa.
Nadie tiene mas derecho que el que le otorga la ley , ni más razón que el de la justicia. Frente a lo cristales y las ópticas que se han presentado me queda solo una exhortación. ¡Sea usted el jurado…!
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo!!!
DANSFDSRLVRD04012026 (Dania)
