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Juan Pablo Duarte, es recordado como el fundador de la República Dominicana.
Pero su vida no fue solo gloria y proclamaciones.
Fue también una vida marcada por el exilio, el sacrificio y la coherencia.
Este es el relato de Duarte en el destierro, con especial énfasis en Venezuela, la tierra que lo acogió cuando su patria lo expulsó.
Juan Pablo Duarte nació el veintiséis de enero de Mil Ochocientos trece, en un territorio sin soberanía.
La parte Este de la isla vivía bajo el período conocido como la España Boba, seguido por la ocupación haitiana.
Duarte creció en medio de la incertidumbre política, y esa realidad forjó en él una temprana conciencia de libertad.
Desde joven, Duarte comprendió que la independencia no sería un regalo, sino una conquista.
Soñó con una nación libre, soberana y justa.
Ese ideal lo llevó a organizar, a educar y a conspirar por la libertad dominicana.
En MIL OCHOCIENTOS CUARENTA Y TRES, perseguido por el gobierno haitiano, Duarte se ve obligado a abandonar su tierra.
Parte primero hacia Curazao, y luego emprende camino hacia Venezuela.
No huye por temor, sino para preservar la causa independentista.
El veintitrés de agosto de mil ochocientos cuarenta y tres, Duarte llega al puerto de La Guaira.
Desde allí se traslada a Caracas, donde se hospeda en casa de familiares.
Venezuela se convierte en refugio y punto de apoyo para su lucha patriótica.
En Caracas, Duarte gestiona apoyo para la causa dominicana.
Rechaza honores personales y títulos académicos.
Desde el exilio, incluso renuncia a su herencia para financiar la independencia de su patria.
El veintisiete de febrero de mil ochocientos cuarenta y cuatro se proclama la independencia dominicana.
Duarte no está presente.
La patria nace sin su principal arquitecto, mientras él continúa en el exilio, fiel a su ideal.
Tras su regreso y los conflictos internos, Duarte es declarado traidor a la patria.
En Mil Ochocientos Cuarenta y Cuatro es desterrado nuevamente.
Venezuela se convierte entonces en su residencia definitiva durante largos años de silencio y reflexión.
Entre Caracas y el interior venezolano, especialmente en Apure, Duarte vive una vida discreta.
Alejado del poder y del reconocimiento, nunca abandona su compromiso con la libertad dominicana.
Es el único de los trinitarios desterrados que no regresa con la amnistía de Mil Ochocientos Cuarenta y Ocho
En Mil Ochocientos Sesenta y Cuatro, durante la Guerra de la Restauración, Duarte regresa brevemente a la República Dominicana.
Rechaza cargos y privilegios.
Su misión no era gobernar, sino servir.
Juan Pablo Duarte muere en Caracas el dieciséis de julio de mil ochocientos setenta y Seis
Muere lejos de la patria que soñó, pero nunca distante de ella en pensamiento y convicción.
Venezuela fue su último hogar.
Años después, sus restos regresan a Santo Domingo.
Hoy reposan junto a Sánchez y Mella.
Duarte vive como símbolo de coherencia, sacrificio y amor absoluto por la patria
Esta narrativa es un aporte de Dario Nin, sembrando Patria, conciencia y democracia, únete!!

