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Por Dario Nin
Canción para el Costo de una Patria en Sudor, Sangre y lágrimas
La patria que hoy llamas mía,
no nació contigo.
Alguien la soñó cuando tú no existías,
alguien la pensó, la luchó y la entregó.
No la des por sentada.
No siempre estuvo ahí…
y si se descuida, puede no estar mañana.
La patria comienza a perderse
cuando dejamos de respetar sus símbolos,
porque sus símbolos no la representan:
sus símbolos son la patria.
La patria se pierde
cuando escuchamos el himno
y el corazón ya no vibra.
Cuando da lo mismo detenernos o seguir de largo
ante una bandera que sube o que baja.
Pero, sobre todo,
la patria se pierde
cuando no damos motivos,
ni ejemplos,
para que nuestros ciudadanos la amen y la respeten.
Cuando la ley deja de imperar,
cuando la Constitución se reduce
a un simple pedazo de papel,
no lo notamos…
pero ya estamos cavando la sepultura de la patria.
Eternizar la patria no es repetir su nombre,
es sembrarla en el corazón,
regarla con sacrificio,
y traspasar ese compromiso a los hijos,
y a los hijos de los hijos.
Así se construye una patria que no muere.
Hoy te exhorto a conquistar libertad,
a desterrar la indolencia y el servilismo,
a llevar la frente en alto
y una defensa firme y valiente.
Aprendamos el legado de nuestros padres patrios:
ser libres o morir.
Y que se temple en nosotros un heroísmo tan profundo,
que si mil veces fuéramos esclavos,
mil veces, con verdad y con dignidad,
volveremos a conquistar la libertad.
