Comentario al Evangelio del primer Domingo de Cuaresma, Mateo, 4, 1-11.

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Comentario al Evangelio del primer Domingo de Cuaresma, Mateo, 4, 1-11.

Por Joaquín Núñez

Todos los años el primer Domingo de Cuaresma, comienza con las mal llamadas “Tentaciones de Jesús en el desierto”. (Mt.4,1-11), (Mc. 1, 12-13 ) y (Lc.4, 1-13). Este año es Mateo quien nos acompaña.

Los evangelios no son una narración histórica, sino una gran catequesis, una verdad más real que nos muestra la Verdad misma que es Jesús.

El desierto es el interior de cada uno, donde uno se encuentra, el silencio y la soledad donde uno se ve y analiza. Es un trabajo difícil y que el cristiano tiene que aprender, si o si, del que depende la capacidad de responderse a la pregunta de ¿quién soy yo?. Una pregunta que a lo largo de una vida hemos de responder. Eso es lo que significa, con lenguaje bíblico, los Cuarenta opositores, días u horas, igual da.

Las tres pruebas son las que Jesús supera y nos invita a superar día a día. ”Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Nuestra relación con las cosas: “no sólo de pan vive el hombre”; con las riquezas y el poder: ”no tentarás al Señor tu Dios”; o la relación con Dios: “Al señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” (El Becerro de Oro del desierto).
Al presentar a Jesús como modelo nos invita a nosotros a enfrentar nuestras propias pruebas.

No olvidemos que el “tentador” somos nosotros mismos, con nuestras propias debilidades, deseos y miedos. Y al “asomarnos al mundo”, vemos que lo que mueve la historia son precisamente esas luchas internas y externas que enfrentamos: el deseo de poder, la búsqueda de seguridad, la tentación de poner algo o alguien por encima de Dios, ignorando a un Dios padre misericordioso y providente. Jesús se presenta como modelo de mansedumbre y humildad de corazón.

Como catequesis en los primeros siglos, era un tiempo de preparación para los catecúmenos que se iban a bautizar la Noche de Pascua; un tiempo de formación y preparación para entrar en la comunidad cristiana.

Es hermoso ver las catequesis que encontramos en distintas comunidades, pero la Iglesia ha ido acentuando más el aspecto penitencial perdiendo la riqueza de valores teológicos. San Agustín es una fuente riquísima para entender la espiritualidad de la Cuaresma y la Pascua en los primeros siglos, en sus Sermones y escritos nos ayudan a profundizar en el sentido de este tiempo litúrgico.

Sus catequesis las encontramos a lo largo de su inmensa obra. En los Sermones 205-213, sobre la Cuaresma y la preparación de la Pascua. El Sermón 228 , sobre la Vigilia de Pascua y el “Tratado sobre el Evangelio de Juan”, no dudemos que es una gran síntesis de qué es lo más importante para el principio de siglo V. “la Cuaresma es un tiempo de purificación y de conversión… para que lleguemos a la fiesta de la Pascua con un corazón renovado.” (Sermón 205).

“Un tiempo para sacudir el polvo de nuestras almas, para limpiar nuestro corazón y prepáranos para la Pascua”. Nos invita a vivir este tiempo con autenticidad, convirtiéndonos, reconciliándonos y acercándonos más a Dios. Para San Agustín la conversión es un proceso continuo. Nos invita a vivir este tiempo de oración, ayuno y limosna, como caminos para acercarnos más a un Dios que nos ama.

Leer a San Agustín, a quince siglos de distancia, es muy consolador, su estilo está lleno de una alegría esperanzada, sabiendo, por propia experiencia, la paciencia con la que Dios nos ama. Su estilo cuaresmal nos mueve a sabernos salvados, somos sus hijos amados. Quiere que seamos santos, Quiere que seamos libres siendo capaces de superar, como Jesús, las pruebas que tenemos en nuestro camino.

Feliz primer Domingo de Cuaresma, hemos de ser como San Agustín, con su misma alegría, con la seguridad de que Dios nos ama. “ Tarde de ame, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!. Y he aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y fuera te buscaba”. No busquemos fuera a Dios, lo tenemos dentro. Que María de la Paciencia no lleve de la mano.

El Prior de la Sangre.

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