Animales sueltos en carreteras: un peligro anunciado

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Por Darío Nín

En días recientes, mientras transitaba por la carretera Sánchez, próximo a la salida del Aeropuerto Internacional María Montes, Barahona pude observar una escena que debe llamar la atención urgente de las autoridades y de toda la ciudadanía. Un grupo de al menos seis vacas se encontraba deambulando libremente por la vía, en una zona donde los vehículos circulan a alta velocidad.

 

 

La presencia de animales sueltos en carreteras de alto tránsito constituye un peligro real e inminente. En cualquier momento, estos animales pueden irrumpir en la vía, provocando accidentes que podrían terminar en tragedias humanas irreparables. No sería la primera vez que ocurre un hecho lamentable por situaciones como esta.

Pero el problema no se limita a ese punto específico. Situaciones similares también se presentan en carreteras secundarias o alternativas, como la vía que conecta Batey–Neiba y Galván, donde con frecuencia se observan animales pastando o cruzando la carretera sin ningún tipo de control.

Según denuncias de pequeños ganaderos de la zona, muchos de ellos se ven obligados a mantener sus animales cerca de las vías porque alegan que, en terrenos vinculados a actividades del consorcio azucarero, se aplican herbicidas a los residuos vegetales para evitar que el ganado los consuma. Estos productores temen que sus vacas enfermen si comen esos residuos tratados químicamente. Ante esa situación, dicen verse forzados a sacar sus animales a zonas cercanas a las carreteras para poder vigilarlos y garantizarles alimento.

Este conflicto evidencia una realidad compleja: por un lado, la legítima preocupación de los pequeños ganaderos por la salud de su ganado; y por otro, el grave riesgo que representa permitir que animales de gran tamaño permanezcan sueltos en carreteras donde circulan vehículos a gran velocidad.

Por esta razón, hacemos un llamado respetuoso pero firme a las autoridades competentes: a las autoridades de tránsito, a las autoridades municipales, al sector agropecuario y también a la institución del Defensor del Pueblo, de la cual formo parte, para que se preste atención a esta problemática y se adopten medidas preventivas antes de que tengamos que lamentar pérdidas humanas.

La prevención siempre será más sabia que la reacción tardía.
Se impone buscar soluciones que protejan tanto la seguridad de los conductores como la realidad de los pequeños productores de la zona. La seguridad vial y la convivencia social deben caminar de la mano.

Porque cuando los problemas se ignoran, las tragedias suelen anunciarse con anticipación.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.
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