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Por Dario Nin
En la República Dominicana celebramos el Mes de la Patria, que inicia con el natalicio de nuestro fundador Juan Pablo Duarte, el 26 de enero, y culmina el 27 de febrero, fecha en que proclamamos nuestra Independencia Nacional.
Ese período reúne hechos y figuras esenciales para nuestra identidad nacional. En él se conmemora el nacimiento de Duarte, seguido por el natalicio del también Padre de la Patria Ramón Matías Mella, el 25 de febrero, y se cierra con el glorioso 27 de febrero, día de la Independencia y también Día de la Bandera, establecido por la Ley 210-19.
No cabe duda de que febrero posee méritos suficientes para ser proclamado como el Mes de la Patria. Aunque es el mes más corto del calendario, para los dominicanos resulta uno de los más significativos de nuestra historia.
Sin embargo, la epopeya patriótica no termina con febrero. El mes de marzo también está cargado de acontecimientos decisivos que consolidaron la Independencia Nacional. Marzo fue escenario de las primeras pruebas de fuego de la joven República, cuando los dominicanos tuvieron que defender con las armas la libertad recién proclamada.
El 9 de marzo se recuerda el natalicio de Francisco del Rosario Sánchez, otro de nuestros ilustres Patricios y figura clave en la proclamación de la independencia.
Apenas días después comenzaron los enfrentamientos armados que pondrían a prueba la determinación del naciente Estado dominicano.
El 11 de marzo de 1844 —aunque algunos historiadores señalan el 13— ocurrió el primer enfrentamiento armado entre dominicanos y haitianos, conocido en la historia como “El Bautismo de Sangre”, en la Fuente del Rodeo, en la región de Bahoruco. Este combate marcó el inicio de la defensa militar de la independencia frente al intento haitiano de recuperar el territorio.
Según datos recogidos en el portal del Ministerio de Defensa, este fue el primer encuentro bélico librado para preservar la recién proclamada República Dominicana.
El 13 de marzo, las fuerzas dominicanas comandadas por Vicente Noble, Dionicio Reyes y Nicolás Mañón volvieron a enfrentarse al ejército haitiano. Ante la superioridad numérica de dos regimientos haitianos, los dominicanos se vieron obligados a replegarse hacia el río Yaque del Sur, manteniendo, sin embargo, la resistencia.
La lucha continuó el 18 de marzo, cuando se produjeron dos enfrentamientos importantes.
El primero ocurrió en el río Jura, en Los Jobillos, donde las fuerzas dominicanas, bajo el mando del teniente coronel Lucas Díaz, lograron contener el avance haitiano en ese estratégico paso cercano a Azua.
Ese mismo día tuvo lugar otro combate en Las Hicoteas, al este de la Sierra Martín García. Allí, tropas provenientes de la capital, comandadas por Manuel Mora, junto con fuerzas de Baní dirigidas por Manuel de Regla Mota, y la vanguardia bajo José María Cabral y Francisco Soñé, lograron derrotar a la vanguardia del general haitiano Souffront. Este triunfo obligó a las tropas haitianas a permanecer en la zona e impidió que participaran en la decisiva batalla del día siguiente.
El 19 de marzo de 1844 llegó uno de los momentos más gloriosos de nuestra historia: la Batalla de Azua. En ese escenario, las tropas dominicanas lideradas por el general Pedro Santana enfrentaron al ejército haitiano dirigido por el presidente Charles Hérard Ainé, logrando una contundente victoria dominicana que fortaleció la independencia recién proclamada.
Pero marzo todavía tenía reservado otro episodio heroico.
El 30 de marzo de 1844 se libró la Batalla de Santiago, conocida también como la Batalla del Cibao, considerada la segunda gran batalla en defensa de la Independencia Nacional. En esta confrontación, el general José María Imbert, al mando de tropas del ejército del norte, derrotó al general haitiano Jean-Louis Pierrot, consolidando la resistencia dominicana en la región norte del país.
Al repasar estos acontecimientos, resulta evidente que marzo fue un mes decisivo para la supervivencia de la República naciente. Si febrero encendió la llama de la independencia, marzo la defendió con sangre, valentía y sacrificio.
Por eso, al reflexionar sobre nuestra historia, bien podemos concluir que el mes de marzo constituye una verdadera columna de la Patria dominicana, un período en el que se forjó, en los campos de batalla, la firme determinación de ser libres.
Nos volveremos a ver en el camino.
Hasta la próxima.
Que Dios nos continúe bendiciendo.
