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Por Dario Nin
Padre amado y Creador del universo,
hoy tal vez no tengo las ganas que necesito para iniciar el viaje,
pero permite que el deber se imponga sobre mi voluntad.
Dame la fuerza para arrancar
y la entereza para continuar.
Acompáñame en el camino
y líbrame de toda acechanza del enemigo.
Concédeme la sabiduría para asumir los retos
y la valentía para enfrentar lo desconocido.
Regálame la prudencia necesaria
para conducir con seguridad,
y ayúdame a prever los errores de otros,
para que no me sorprendan en el trayecto.
Hazme entender que los inconvenientes del camino
son advertencias que debo aprender a escuchar.
Muéstrame la ruta correcta,
y graba en mi corazón tu palabra dada a Josué:
que me esfuerce y sea valiente,
porque Tú estás conmigo en todo momento.
Permíteme disfrutar mi trabajo,
hacerlo con fe y alegría,
y convertir cada kilómetro en una bendición.
Y cuando regrese,
concédeme el privilegio de abrazar a mis compañeros,
a mis amigos,
y, si Tú lo permites, a mi familia.
Haz de cada conductor un hermano,
y dame un corazón solidario,
prudente pero no indiferente.
En el nombre de tu Hijo amado,
Cristo Jesús,
oramos.
Amén.
