En audio
Listen to this article

Por Dario Nin

El título del presente recrea la expresión del presidente de la República Dominicana Luis Abinader Corona, externada en el año 2023. Hoy, a tres años de haberlo pronunciado, la retomo no como un eco vacío, sino como un llamado vigente, urgente y profundamente necesario.

Porque cuando se habla de convertir la educación en una “obsesión nacional”, no estamos ante una exageración retórica. Estamos frente a una verdad incómoda: la educación ha sido tratada como una prioridad discursiva, pero no como una responsabilidad histórica asumida en toda su dimensión.

La educación no puede seguir siendo vista únicamente como un sistema formal, encerrado entre paredes, horarios y currículos muchas veces desconectados de la vida. La educación no puede ser solo un asunto del Ministerio, ni una carga exclusiva del docente. La educación es, y debe ser, un compromiso moral de la nación.

Cuando un país falla en educar, no solo pierde competitividad. Pierde dignidad.

Y es aquí donde debemos atrevernos a dar un salto cualitativo: pasar de la educación como estructura, a la educación como cultura.

Hoy más que nunca, debemos reconocer una realidad que muchas veces evitamos enfrentar: hay una parte significativa de nuestra población que ya no está en las aulas… y difícilmente regresará.

¿Qué hacemos entonces? ¿Los dejamos fuera del sistema… o llevamos el sistema hacia ellos?

Aquí surge una propuesta que no compite con la escuela, sino que la complementa y la expande: la educación trípodeica: sentir, pensar y actuar.

Una educación que no solo informa, sino que transforma.

Sentir, para conectar con las emociones, la empatía y la humanidad.

Pensar, para desarrollar criterio, conciencia crítica y sentido de justicia.

Actuar, para traducir todo lo anterior en conducta, en convivencia, en ciudadanía.

Este modelo rompe las paredes tradicionales del aula y convierte la sociedad entera en un espacio educativo.

Para este modelo La calle también enseña: el aula sin techo

Si la gente no va a la escuela, la escuela debe ir a la gente.

La calle, los barrios, los espacios comunitarios… pueden convertirse en verdaderas aulas sin techo. Allí donde hoy hay ruido, puede haber mensaje. Donde hay ocio, puede haber propósito. Donde hay desesperanza, puede nacer conciencia.

Educar en la calle no es improvisar. Es dignificar el espacio social como escenario de formación humana.

Es enseñar valores, convivencia, respeto, civismo… en el mismo lugar donde muchas veces se pierden.

Una educación moral y cívica para reconstruir la sociedad

No basta con enseñar matemáticas y lengua. Necesitamos enseñar a vivir, a respetar la vida, a convivir en paz, a  asumir deberes junto a los derechos a entender que el otro también importa

Sin educación moral y cívica, no hay democracia que se sostenga, sin formación para la vida, no hay desarrollo que perdure. Ahora es necesario que pasemos de la idea a la acción esto es un llamado a todos. Esta propuesta no puede quedarse en papel.

Debe convertirse en movimiento. El Estado debe liderar, el sector privado debe apoyar, la cooperación internacional debe acompañar y por supuesto la sociedad debe involucrarse

Porque educar no es tarea de uno… es misión de todos.

Convertir la educación en una “obsesión nacional” no es una exageración.

Finalmente debemos reconocer que estamos frente a una deuda acumulada por generaciones., por lo que debemos entender que no hay más tiempo que perder.

Es tiempo de asumir con responsabilidad histórica, que el futuro del país no se construye con discursos… sino con formación humana real, viva y presente en cada rincón de la sociedad.

Porque al final, la verdadera educación no es la que se queda en el aula…Es la que transforma la vida.

Darío Nín
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.

SHARE