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Por Darío Nin.

Hace  apenas  un días leí con mucho interés el artículo “La familia que acompaña”, del educador Víctor Mártir. Comparto plenamente su afirmación sobre el rol de la familia en la formación de nuestros niños, niñas y adolescentes.

Sin embargo, creo que hoy el desafío va más allá de invitar al acompañamiento. Aunque en honor a la verdad hace algunas propuesta concretas para el acompañamiento, pero creo que la misma puede aun ser mas completa.

Se trata en este aspecto, de cómo hacerlo posible en contextos de muchas limitaciones. No todas las familias cuentan con el mismo tiempo, recursos o estabilidad para acompañar como se espera. Por eso, propongo en adición y sin quitar ningún mérito al enfoque de Martir, fortalecer escuelas para padres, programas de orientación familiar, redes de apoyo comunitario y mejores canales de comunicación con las escuelas.

La educación es una responsabilidad compartida. La escuela no puede sola, pero la familia tampoco. Se necesita el Estado, la comunidad, organizaciones sociales, todos poniendo de su parte. Solo así esa corresponsabilidad se vuelve real y no un simple deseo.

Terminé su lectura con satisfacción, porque en tiempos donde a veces se responsabiliza únicamente a la escuela, el autor nos recuerda una verdad esencial: la familia sigue siendo el primer y más importante espacio de formación de niños, niñas y adolescentes.

Comparto plenamente esa convicción. Ninguna institución, por eficiente que sea, puede sustituir el ejemplo, la orientación o el afecto de una familia comprometida. Sin embargo, la realidad actual nos invita a ampliar el enfoque. Más que recordar a las familias que deben acompañar, necesitamos preguntarnos cómo lograr que ese acompañamiento sea posible hoy, con las limitaciones laborales, económicas, emocionales y tecnológicas que viven muchas familias dominicanas.

Educar nunca ha sido simple. Hoy es más complejo aún. Por eso, en lugar de quedarnos en el llamado, propongo avanzar hacia la acción organizada: convertir cada escuela en un espacio permanente de formación para padres y madres. No solo cuando hay problemas académicos, sino para ofrecer herramientas que fortalezcan su rol.

Hablar de comunicación efectiva, inteligencia emocional, uso responsable de redes sociales y valores. Porque acompañar no es controlar, es estar presentes, escuchar, orientar y enseñar con el ejemplo.

Solo cuando la familia, la escuela, la comunidad y el Estado asumen su parte, podemos hablar de una verdadera transformación educativa. Porque educar nunca fue tarea de una sola institución. Es, una obra colectiva. Y quizás ahí radique el mayor desafío de nuestro tiempo.

Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.

DNSFDSDERD2002026

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