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¿Y si oráramos a Dios con la misma certeza con la que consultamos la inteligencia artificial? Vivimos en una época fascinante. Tomamos un teléfono, abrimos una aplicación y escribimos con confianza, sabiendo que habrá una respuesta. Pero cuando oramos, muchas veces dudamos. Pedimos con incertidumbre, como si nuestras palabras se perdieran en el vacío. Sin embargo, la Biblia nos muestra algo completamente distinto. Jesús dijo: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis”. Antes de abrir la boca, Dios ya conoce nuestra necesidad. Orar no es para informarle algo que Él desconoce. Orar es acercarnos a Él, hablar con nuestro Padre, expresar nuestra confianza, y depender de Él. Así como afinamos una pregunta para recibir una mejor respuesta de una inteligencia artificial, así debemos permitir que Dios afine nuestro corazón para aprender a orar correctamente. Más aún, la Biblia nos invita: acerquémonos confiadamente al trono de la gracia. No con miedo, no con dudas, sino con confianza. Y el apóstol Juan afirma que si pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye, y si sabemos que Él nos oye, tenemos las peticiones que le hayamos hecho. La primera promesa no es que recibiremos todo exactamente como lo imaginamos. La primera promesa es que Él nos oye. Y quien está convencido de que Dios le oye, aprende a confiar en Su tiempo y en Su respuesta. La inteligencia artificial responde porque fue programada por humanos. Dios responde porque ama. La inteligencia artificial procesa datos. Dios conoce el corazón. La inteligencia artificial ofrece información. Dios ofrece dirección, paz, consuelo, corrección, salvación. Si somos capaces de confiar plenamente en un sistema creado por personas imperfectas, ¿cuánto más deberíamos acercarnos al Dios vivo con certeza? Quizá el mayor desafío no es usar mejor la tecnología, sino volver a creer en el poder de la oración, volver a sentir que Dios está ahí. No estamos orando al vacío. Estamos hablando con el Dios eterno, que escucha, ama y responde a quienes le buscan con un corazón sincero. Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo. Darío Nin.

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