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Por Dario Nin

Durante mucho tiempo, muchas personas crecieron creyendo que perseguir insistentemente a alguien, hacer comentarios de contenido sexual, lanzar “piropos”, enviar mensajes insistentes o realizar insinuaciones no deseadas formaba parte de la conquista, del romanticismo o simplemente de una broma inofensiva.

Sin embargo, la sociedad ha ido comprendiendo una realidad que durante décadas permaneció invisibilizada: cuando una conducta de naturaleza sexual invade la libertad de otra persona y esta no la desea, deja de ser una expresión de interés para convertirse en una forma de violencia.

El nuevo Código Penal dominicano recoge esta evolución social y jurídica al tipificar el acoso sexual como un delito. No se trata únicamente de propuestas sexuales explícitas. La ley sanciona a quien vigila, persigue, hostiga o asedia a otra persona con fines de connotación sexual, porque entiende que estas conductas pueden afectar profundamente la tranquilidad, la seguridad y la dignidad de quien las sufre.

Muchas veces el agresor piensa: “Solo la estaba enamorando”, “era un cumplido”, “no era para tanto”. Pero la pregunta realmente importante no es qué intención tenía quien realiza la conducta, sino qué efecto produce en quien la recibe.

Cuando una persona siente miedo de caminar por un lugar, cambia su ruta para evitar a alguien, deja de asistir a su trabajo o a su centro de estudios, bloquea números telefónicos constantemente o experimenta ansiedad por una persecución persistente, ya no estamos frente a un simple acto de galantería: estamos frente a un comportamiento que lesiona derechos fundamentales.

El acoso sexual puede presentarse en múltiples escenarios. Puede ocurrir en una oficina, en una universidad, en una iglesia, dentro del núcleo familiar, en una calle, en un parque, en un autobús o incluso detrás de la pantalla de un teléfono celular.

Las redes sociales y las plataformas digitales también pueden convertirse en instrumentos de persecución cuando alguien insiste de manera obsesiva con mensajes, fotografías, comentarios o insinuaciones sexuales no deseadas. El daño psicológico que producen estas conductas no disminuye porque ocurran en un espacio virtual.

Especial gravedad adquiere el acoso cuando existe una relación de poder. Un jefe frente a un empleado, un profesor frente a un estudiante, un líder religioso frente a un creyente o cualquier persona que aproveche una posición de autoridad para ejercer presión de contenido sexual no solo abusa de su poder, sino que coloca a la víctima en una situación de vulnerabilidad donde muchas veces el silencio parece ser la única alternativa. Precisamente por ello, la ley establece sanciones más severas cuando el acoso ocurre en esos contextos.

También merece especial atención el acoso sexual en espacios públicos. Ninguna persona debería sentir temor de caminar por una calle, esperar un autobús, visitar un parque o permanecer en un lugar público por miedo a ser perseguida, intimidada o humillada mediante expresiones, gestos o acciones de naturaleza sexual. El espacio público pertenece a todos, y el derecho a transitar libremente forma parte de la dignidad humana.

Es importante comprender que la esencia del acoso sexual no reside únicamente en las palabras pronunciadas, sino en la insistencia, la persecución, la intimidación y la generación de un ambiente hostil que limita la libertad de la víctima. Lo que para una persona puede parecer un simple comentario, para otra puede convertirse en el inicio de una experiencia de angustia, temor o humillación.

La legislación dominicana ha querido enviar un mensaje claro: el respeto por el consentimiento, la libertad y la dignidad de los demás no constituye una opción moral, sino una obligación jurídica. Por eso, el Código Penal prevé penas de prisión, multas y otras medidas para quienes incurran en estas conductas, agravando las sanciones cuando el acoso se realiza mediante medios electrónicos o cuando existe una relación de autoridad o subordinación.

Más allá de las consecuencias penales, el verdadero desafío es cultural. Necesitamos educar para comprender que el respeto comienza cuando entendemos que nadie tiene derecho a imponer su presencia, sus palabras o sus deseos sobre otra persona. El interés afectivo solo es legítimo cuando nace de la libertad y del consentimiento mutuo.

Quizá sea momento de que cada uno se formule una pregunta sencilla pero profunda: ¿alguna conducta que he considerado una broma, un piropo o una muestra de insistencia pudo haber hecho sentir incómoda, intimidada o humillada a otra persona? Si la respuesta es sí, todavía estamos a tiempo de cambiar.

Una sociedad verdaderamente respetuosa no es aquella donde las personas aprenden a soportar el acoso; es aquella donde nadie considera aceptable acosar. La dignidad humana comienza precisamente allí: en reconocer que el otro tiene el mismo derecho que nosotros a vivir, trabajar, estudiar, caminar y relacionarse sin miedo, sin presiones y sin sentirse perseguido.

Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. ¡Que Dios nos continúe bendiciendo!

Tripodeícamente te digo:

Bienvenidos a Aprendiendo el Código Penal Tripodeícamente.
Aquí no solo conocerás la ley; la sentirás, la comprenderás y aprenderás a vivirla.
Con el método sentir, pensar y actuar, transformamos cada delito en una lección para fortalecer la convivencia, el respeto y la responsabilidad ciudadana.
Escucha, aprende y actúa’ Respeta su Dignidad no le acoses.

Verso 1:

No confundas el cariño con presión o intimidación,
respeto abre caminos, abuso trae sanción.
Si una puerta se ha cerrado, no la fuerces,
la dignidad de cada persona siempre debes respetar.

Pre-coro:
Ni el poder ni la influencia te autorizan a abusar,
la justicia protege al débil, tu conducta juzgará.

Coro:
Aprende con el corazón,
piénsalo con la razón,
actúa siempre con respeto,
esa es siempre la mejor decisión.

La dignidad no se negocia,
nadie la puede comprar,
quien respeta a los demás
también aprende a ganar.

Puente:
Conocer la ley es libertad,
ignorarla cuesta más,
el respeto construye vidas,
la violencia nunca da paz.
Cierre: Respeta siempre la dignidad,
haz del bien tu vocación.
Dario Nin sembrando conciencia
con Tripodeica educación.
Sentir, pensar y actuar
es una sabia decisión.

 

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