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Por Dario Nin

Viejo, como un reloj de arena,
la vida cambió sin avisar;
grano a grano fuiste entregando
todo lo que hoy me hace caminar.
Mientras tus fuerzas se marchaban,
las mías aprendían a crecer;
sin darte cuenta me dejabas
la mejor manera de vencer.
Pre-Coro:
Hoy comprendo que el tiempo no roba,
solo cambia de lugar;
lo que un padre entrega a un hijo,
nadie lo puede borrar.
Coro:
Viejo, tu reloj no se ha detenido,
solo cambió de corazón.
Lo que parecía haberse ido,
hoy late fuerte en mi interior.
Tu esencia vive en mis palabras,
en mis abrazos, en mi fe.
Si tú gastaste toda tu vida,
fue para que yo pudiera crecer.

Verso 2:
Hoy descubro tus madrugadas,
los silencios que nunca entendí;
cada sacrificio escondido
era un “te amo” dicho para mí.
Tus principios son mi equipaje,
tu honradez mi mejor canción,
y la historia que tú escribiste
seguirá latiendo en mi corazón
Les hablaré de ti a mis hijos,
como quien habla de un árbol fiel,
de esas raíces invisibles
que sostienen todo lo que se ve.
Coro final:
Viejo, aunque el tiempo nos transforme,
hay cosas que nunca se irán.
Tu legado será semilla
que otras generaciones sembrarán.
Y cuando un día mis nietos pregunten
quién me enseñó a vivir así,
diré con orgullo y con lágrimas,
mi viejo… todavía vive en mí.

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