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Por el Hno Dario Nin IBC

Hay momentos en la vida en que todo lo que vemos parece anunciar derrota. Las circunstancias se levantan delante de nosotros, las puertas parecen cerrarse, las fuerzas disminuyen y hasta las evidencias que tenemos ante nuestros ojos parecen decirnos: “No hay salida”.

Pero la fe no consiste solamente en creer cuando todo está bien. La verdadera fe se manifiesta cuando, aun viendo dificultades, seguimos confiando en que Dios permanece en control.

El salmista declara en el Salmo 20:6-9

“Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie. Salva, Jehová; que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos”.

Qué palabra tan profunda. Algunos confían en lo que pueden ver: en sus recursos, en su poder, en sus influencias, en sus conocimientos o en las fuerzas que parecen tener a su disposición. En los tiempos antiguos, los carros y los caballos representaban poder militar, seguridad y capacidad para vencer.

Pero el salmista dice: “Nosotros tendremos memoria del nombre de Jehová nuestro Dios”.

Eso significa que nuestra confianza no descansa solamente en lo que tenemos, sino en Aquel que es capaz de hacer lo que nosotros no podemos. Nuestra seguridad no depende de que las circunstancias sean favorables, sino de que Dios continúa siendo Dios aun cuando las circunstancias sean adversas.

Tal vez hoy tus ojos están viendo una derrota, pero Dios puede estar preparando una victoria.

Quizás estás mirando una puerta cerrada, mientras Dios está abriendo un camino que todavía no puedes ver.

Muy probablemente has orado esperando una respuesta inmediata y el silencio te ha hecho pensar que Dios no te escucha. Pero la Escritura nos recuerda en Jeremías 33:3: “Clama a mí, y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces”. Dios escucha la oración que nace de un corazón sincero y que se eleva con fe.

Cuando invocamos a Jehová con convicción, creyendo que Él nos escucha, y lo hacemos desde lo profundo de nuestro corazón, nuestra oración no queda perdida en el aire. Dios la recibe.

Sin embargo, debemos comprender algo: Dios no siempre responde exactamente como nosotros pedimos, pero siempre responde conforme a su sabiduría, a su propósito y a su soberanía.

A veces pedimos que Dios cambie una circunstancia, y Él decide fortalecernos para enfrentarla.

O  pudiéramos pedir que quite una carga, y Él nos concede fuerzas para llevarla.

Cuando en tu camino aparezca una puerta cerrada, piensa que  Dios lo permitió porque conoce un camino mejor.

A veces pedimos una respuesta inmediata, pero Dios nos enseña a esperar, porque su tiempo es perfecto.

Por eso, confiar en Dios no significa exigir que Él haga nuestra voluntad. Confiar en Dios significa descansar en la certeza de que Él sabe lo que hace, aun cuando nosotros todavía no comprendamos el propósito.

En 2 Crónicas 20:15. cuando el pueblo se encontraba frente a un enemigo poderoso, Dios les dijo: “No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”.

Quizás hoy estás enfrentando una batalla que parece demasiado grande para ti. Tal vez has llegado al límite de tus fuerzas. Pero recuerda: hay luchas que no se vencen solamente con nuestras capacidades, sino colocando nuestra confianza en las manos de Dios.

No permitas que las evidencias visibles sean más fuertes que las promesas de Dios.

No permitas que el tamaño del problema te haga olvidar la grandeza de Aquel a quien sirves.

No permitas que una circunstancia momentánea te convenza de que Dios ha perdido el control.

La fe no niega la realidad, pero se niega a creer que la realidad visible es la última palabra.

La última palabra la tiene Dios.

Por eso, aunque otros confíen en sus carros y en sus caballos; aunque otros depositen toda su seguridad en el poder, en el dinero, en las influencias o en las fuerzas humanas, nosotros recordaremos el nombre de Jehová nuestro Dios.

Ellos pueden flaquear y caer, pero nosotros nos levantaremos y estaremos en pie, porque nuestra esperanza no está edificada sobre las circunstancias, sino sobre la fidelidad de Dios.

Hoy te exhorto a invocar a Jehová con convicción. Háblale desde tu corazón. Preséntale tus cargas, tus temores, tus necesidades y tus incertidumbres. Cree que Él te escucha.

Y cuando llegue su respuesta, recíbela con fe, aunque no sea exactamente como la imaginaste. Porque Dios no responde solamente según nuestros deseos; Él responde conforme a su sabiduría perfecta y a su propósito eterno.

Quizás Dios no hará exactamente lo que tú le pediste, pero hará lo que conviene conforme a su voluntad.

Por eso, no te rindas. Sigue orando, creyendo, confiando…

Aunque las evidencias parezcan anunciar derrota, recuerda que Dios todavía tiene la última palabra.

Y si invocamos a Jehová con fe, desde lo profundo de nuestro corazón, podemos estar seguros de que Él nos escucha y que, en su tiempo y conforme a su sabiduría, responderá.

El Señor nos dice en Isaías 55:8-9 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos.  Como son mas altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos, más que vuestros pensamientos.

No olvidemos nunca cuando sintamos que ya no tenemos fuerza y el agotamiento nos vence lo que mismo Jesu nos dice en Mateo 11:28   Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.   Amén.

Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima . Que Dios nos continúe bendiciendo.!!!

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