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“Hay raices que se llevan en la sangre y hay otras que se eligen con el alma”.

Gissele Farrera
CRÓNICA FEMENINA

Patrick Jean ROBERT de Bréon, Cónsul Honorario de Francia en Chiapas, Arquitecto de profesión, Urbanista, Restaurador de Patrimonio Histórico, Artista; egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes de la Sorbona de Paris , Francia, Diplomático; sobre todo, un hombre noble, sencillo, sensible que entendió que el verdadero servicio comienza cuando se pone el corazón al lado de quien más lo necesita.

El día 3 de julio del 2026 inicia su viaje al Eterno Oriente, dejando un profundo vacío, así como satisfacciones entre quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Dejó una herencia imposible de borrar: Un hombre que no hizo de la Diplomacia un privilegio, sino una misión profundamente humana.

Su amada esposa, Rocío Camacho De Robert, recuerda que Dios permitió que sus caminos se encontraran hace veintitrés años, cuando Patrick llegó a su familia por uno de sus hermanos que se postulaba para ser Diputado local, en una zona norte del estado de Chiapas, y en ese entonces Patrick construía y Urbanizaba la Universidad de Lindavista; posteriormente fue invitado para construir una hermosa residencia de estilo bizantino para una de sus hermanas, fue ahí donde conocío a quien fuese su esposa. Rocío descubrió que detrás del reconocido arquitecto habia un hombre generoso, caballeroso, de firmes principios morales y con una inmensa calidad humana.

Patrick llegó a México en 1985, siendo un joven de apenas 25 años, invitado durante el Gobierno del Presidente Miguel de la Madrid Hurtado para colaborar en la restauración del Palacio de Gobierno de Monterrey junto al arquitecto Melo. Con el paso de los años obtuvo la Nacionalidad Mexicana, pero más allá de un documento oficial, por su amor a Chiapas terminó siendo adoptando como uno de los suyos.

En 2015, el entonces Cónsul General de Francia en México, Gérard Maréchal, le confirió el nombramiento como primer Cónsul Honorario de Francia en Chiapas; desde esa responsabilidad construyó fraternales puentes entre dos naciones, entre personas, culturas y corazones.

A la memoria de su esposa llega el recuerdo de una de las acciones más valientes de su vida diplomática, la cual fue participar en el rescate y liberación de una pareja de turistas franceses privados de su libertad en una comunidad del municipio de Ocosingo, en una operación de alto riesgo realizada junto con la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado. Fue una misión peligrosa, pero para Patrick proteger la vida de sus compatriotas era parte de su compromiso.

Sin embargo, quienes mejor conocieron su corazón fueron su esposa Rocío y sus hijos.

Ellos desean que Chiapas lo recuerde no solamente como el Cónsul, sino como un artista que dejó su huella en la arquitectura chiapaneca y como una buena persona que jamás dudó en ayudar a otros, aun cuando hacerlo implicara sacrificios personales.

De niños crecieron escuchando cuentos y leyendas Celtas. Patrick se sentía orgulloso de la cultura de sus antepasados, al grado de que los nombres de sus hijos tienen origen celta: Cyril, Cedric y Aldric; a quienes les enseñó a amar profundamente a México, no solo como cultura, sino como su propio hogar. Siempre tuvo la esperanza de que el pueblo mexicano alcanzara el lugar que merecía entre las grandes naciones y admiró profundamente la riqueza cultural y la gente de este país.

Más allá de cualquier formación académica, procuró sembrar en ellos honestidad, respeto, tolerancia, patriotismo, bondad y humildad. Les enseñó que esos valores no debían practicarse para ser reconocidos por la sociedad, sino porque deseaba que fueran buenas personas cuando él ya no estuviera para guiarlos.

Uno de sus hijos recuerda una escena que resume perfectamente quién era Patrick:

Hace muchos años encontró en las calles de Tuxtla a un joven francés desamparado, que le pidió ayuda. Le habían robado todas sus pertenencias, no hablaba español y no sabía cómo regresar a casa; Patrick no dudó un instante, en ese momento lo llevó a su casa, le dio alimento, refugio y comenzó a buscar la manera de resolver su situación.

No fue la única vez, varias personas durmieron bajo su techo cuando nadie más quiso tenderles la mano; para muchos muchos parecía una locura; para él simplemente la manera correcta de actuar.

Otro de sus hijos recuerda que cada navidad repartía alimentos con otro amigo y hermano de corazón entre personas necesitadas. No era una actividad del Consulado ni formaba parte de un protocolo diplomático, sino convicción personal; por el deber moral de compartir con quienes menos tenían.

En momentos que la distancia los separaba de sus hijos, Patrick hablaba poco de la comunidad francesa y mucho de Chiapas, es describía las necesidades de las comunidades indígenas, la nobleza de los pueblos originarios y el cariño con el que siempre fue recibido; les hablaba de los parachicos, de la música, de los bailes tradicionales y de la inmensa riqueza cultural del estado.

En los últimos años de su vida solía expresar un sueño muy sencillo junto con su esposa Rocío, construir una pequeña cabaña en las afueras de Tuxtla para retirarse en paz, rodeado de la tierra que tanto amó.

Su legado como arquitecto permanece igualmente vivo. Rocío Camacho de ROBERT, recuerda sus importantes obras en la Universidad Linda Vista, en Pueblo Nuevo Solistahuacán, además de numerosos proyectos públicos y privados, como un elegante restaurant estilo parisino en el Boulevard Belisario Domínguez llamado “Le Chat De La Nuit”, así como su participación en la restauración de monumentos históricos afectados por el sismo del 2017, colaborando con el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Pero quizá la mayor construcción que dejó Patrick no fue de piedra ni concreto. Fue la formación de sus propios hijos.

Hoy, uno de ellos asegura haber heredado el corazón de su padre, su capacidad para servir sin interés alguno y el deseo de continuar fortaleciendo las relaciones que él sembró durante décadas; afirma que el ejemplo más grande que recibió fue comprender que son los valores, las ideas y el carácter los que convierten a una persona en alguien verdaderamente grande. Recuerda que, pese a la enorme influencia internacional que tuvo como diplomático, jamás utilizó esa posición para obtener beneficios personales ni trató a alguien como inferior.

El desea continuar uno de los proyectos que Patrick dejó inconclusos: impulsar el arte chiapaneco, convencido de que la cultura transforma sociedades.

Su familia está segura de que su legado continuará vivo; las amistades que construyó, los vínculos con las comunidades indígenas, el amor por Chiapas y la vocación de servir no desaparecen, trascienden. Patrick solía decir con absoluta sencillez:
“Yo administro un País, no un Estado de un País”.

Siendo un ser humano sencillo; me levantaba por las mañanas a tomar un buen café chiapaneco, fumarse un cigarrillo y comienzar mis labores diplomáticas.

Esa frase resume la esencia de un hombre cuya grandeza nunca estuvo en el cargo que ostentó, sino en la humildad con la que eligió vivir.

Si hoy pudiera dirigir unas últimas palabras a los chiapanecos, quizá les pediría amar profundamente su tierra, interesarse por conocer otras culturas sin dejar de valorar la propia, leer más, comprender el verdadero significado de la diplomacia y recordar siempre que ningún título tiene sentido cuando se pierde la sencillez.

Patrick ROBERT De Bréon nació en París, Francia; pero eligió a Chiapas para entregar su talento, su trabajo, sus sueños y su vida.

Cabe mencionar que el día 9 de Junio del 2026 en la Residencia de la Embajadora de Francia en México en una gran ceremonia le fue otorgada una medalla de Caballero de la Orden Nacional del Mérito. Reconociendolo por su gran trabajo y servicio a su País..

Esta tierra no lo recordará únicamente como el primer Cónsul Honorario de Francia en el Estado. Lo recordará como el hombre que cruzó un Océano para descubrir que la Patria más grande no siempre es aquella donde uno nace, sino aquella donde decide sembrar el corazón.

 

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