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Gissele Farrera
CRÓNICA FEMENINA

La dictadura podría no ser benéfica desde el punto de vista de muchos, pero hay dictaduras con la capacidad de que no todo en ellas haya tenido resultados negativos; en las que la tenacidad de sus líderes llega a ser aprobada por quienes, en su momento, vivieron y vieron los beneficios de los cambios.

Una de las figuras más controversiales de la historia, no solo latinoamericana, sino del mundo, fue Fidel Castro, quien no solo levantó un país, sino que le dio un cambio radical. Para quienes lo vivieron, fue bueno; para sus nuevas generaciones, no tan bueno, responsabilizándolo de haber construido un sistema político sin libertades y de buena parte de los problemas estructurales de la isla.

A cien años de su nacimiento, Fidel Castro continúa siendo una figura histórica imposible de ignorar: amado por unos, cuestionado por otros y, para todos, parte inseparable de la historia contemporánea de Cuba y de América Latina.

Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926, en Birán, en la antigua provincia de Oriente, Cuba. Abogado de formación, revolucionario, líder político y figura central de la Guerra Fría, Castro se convirtió en uno de los personajes más influyentes y controvertidos de la historia latinoamericana del siglo XX.

Hijo de un inmigrante español dedicado a la producción de azúcar, estudió en colegios jesuitas y posteriormente Derecho en la Universidad de La Habana. Desde joven mostró interés por la política y por los movimientos de oposición a los gobiernos que consideraba autoritarios.

Para algunos cubanos y para buena parte de la izquierda latinoamericana, fue el hombre que devolvió a Cuba una identidad propia y desafió durante décadas el poder de Estados Unidos. Para otros, fue un gobernante autoritario que sacrificó las libertades políticas en nombre de una revolución que terminó convirtiéndose en un sistema de partido único.

Cuando llegó al poder en 1959, Cuba atravesaba una profunda desigualdad social y estaba gobernada por Fulgencio Batista, quien había tomado el poder mediante un golpe de Estado.

Castro nacionalizó empresas y propiedades, impulsó una profunda reforma agraria y convirtió la educación y la salud en pilares del nuevo Estado. La campaña nacional de alfabetización de 1961 se convirtió en uno de los grandes símbolos de la Revolución.

Durante sus décadas en el poder, el gobierno de Castro impulsó profundas transformaciones sociales. Entre ellas estuvieron:

La expansión de la educación pública y la alfabetización.

El acceso universal a servicios de salud.

La reducción de determinadas desigualdades sociales.

La independencia política frente a Estados Unidos.

El orgullo nacional que produjo la Revolución.

El hecho de que Cuba desarrollara una política exterior propia, incluso frente a las grandes potencias.

Sin embargo, su gobierno también fue objeto de fuertes críticas por la restricción de libertades políticas, el cierre de medios de comunicación opositores, el encarcelamiento de adversarios y la ausencia de elecciones democráticas competitivas. Las dificultades económicas, la escasez de productos y las restricciones a la iniciativa privada provocaron, además, la salida de cientos de miles de cubanos.

Hay cubanos que conservan una enorme admiración por Fidel. Dicen extrañar la época de Fidel porque consideran que, bajo su liderazgo, existía mayor estabilidad o una identidad nacional más fuerte, especialmente entre quienes vivieron los primeros años de la Revolución y consideran que Cuba ganó dignidad e independencia frente a Estados Unidos.

Pero también existe un fuerte desencanto, particularmente entre sectores jóvenes, que no vivieron la época revolucionaria y han conocido principalmente escasez, apagones, dificultades económicas y limitaciones políticas.

Para Estados Unidos, Castro se convirtió prácticamente en el principal adversario político del hemisferio occidental. Cuba pasó de ser un país cercano a Washington a convertirse en aliado de la Unión Soviética, y la Revolución terminó siendo uno de los principales escenarios de la Guerra Fría.

En América Latina, África y otros países del llamado Tercer Mundo, Fidel llegó a ser visto como un símbolo de resistencia contra el colonialismo y la influencia estadounidense. Cuba apoyó movimientos revolucionarios y procesos de independencia en distintos países africanos y latinoamericanos.

Al mismo tiempo, otros gobiernos latinoamericanos temían que el modelo cubano y la actividad revolucionaria de Castro se extendieran por la región. Estudios históricos muestran que la reacción latinoamericana fue mucho más compleja que una simple división entre “pro-Castro” y “anti-Castro”.

Incluso en Europa y Canadá existieron posiciones diferentes a las de Washington. Documentos diplomáticos estadounidenses de la época muestran que algunos países occidentales consideraban que Estados Unidos exageraba la llamada “amenaza cubana” y buscaban mantener relaciones comerciales con la isla.

Fidel Castro fue simultáneamente un reformador social, un líder revolucionario, un símbolo de soberanía para millones de personas y un gobernante autoritario profundamente cuestionado por sus prácticas políticas.

Su mayor fortaleza fue probablemente su capacidad para convertirse en símbolo: para sus seguidores, del antiimperialismo y la justicia social; para sus adversarios, del autoritarismo y la falta de libertades.

Fidel Castro no puede entenderse solamente mirando a Cuba. Hay que mirarlo también desde Washington, Moscú, América Latina, África y el movimiento de países no alineados. Su gobierno cambió la política interna de Cuba, pero también modificó el equilibrio geopolítico de todo el continente.

¿SERÁ CASTRO, HÉROE O DICTADOR?

La respuesta depende, en buena medida, del lugar desde donde se observe la historia.

Para un revolucionario latinoamericano de los años sesenta, Fidel podía representar esperanza.

Para un cubano que recibió educación y atención médica gracias al Estado revolucionario, podía ser un líder que transformó su vida.

Para un opositor encarcelado, podía representar exactamente lo contrario.

Para un exiliado, su nombre podía estar asociado con la pérdida de la patria y la separación familiar.

Para Estados Unidos, fue durante décadas uno de los principales adversarios políticos del hemisferio.

Para numerosos países del llamado Tercer Mundo, fue un dirigente que desafió el orden internacional establecido.

Por eso, reducir a Fidel Castro a una sola palabra: “héroe o dictador”, resulta insuficiente para comprender su dimensión histórica.

“Todo depende del cristal con que se mira”.

Lo que sí podemos decir es que fue un hombre que supo gobernar e imponer su liderazgo y su visión en los ideales de muchos.

Fidel Castro murió el 25 de noviembre de 2016

“Pueda que nunca logren ponerse de acuerdo sobre quién fue Fidel Castro: héroe para unos, dictador para otros.

Para bien o para mal, fue un hombre que cambió el rumbo de Cuba y dejó una huella que el tiempo difícilmente podrá borrar.”

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