Hay palabras que un maestro dice un día
y quizás después olvida…
Pero el niño que las escucha
puede llevarlas consigo toda la vida.
Yo lo sé…
Porque una profesora de segundo
me dio un consejo que caminó conmigo
mucho después de salir de su aula.
Y años más tarde,
una maestra de preprimaria
sembró algo parecido en mi propia hija.
Hoy quiero unir esas dos historias…
Porque quizás un maestro nunca llegue a saber
hasta dónde puede llegar aquello que sembró.
VERSO I
Yo era apenas un niño
sentado frente a un pizarrón,
usted era mi maestra,
yo no entendía aún quién era yo.
Entre cuadernos y tareas,
entre recreos y lección,
usted sembró unas palabras
que se quedaron en mi corazón.
Pasaron cursos y escuelas,
pasaron años después,
pero aquel consejo sencillo
nunca lo pude perder.
Porque hay palabras pequeñas
que el tiempo vuelve gigantes,
cuando las dice un maestro
en el momento importante.
PRECORO
Quizás usted lo olvidó,
quizás fue un día cualquiera…
Pero para aquel niño
fue una semilla verdadera.
CORO
Maestro, usted no sabe lo que sembró,
cuando habló con amor a aquel pequeño.
Quizás mañana no recuerde su voz,
pero llevará por siempre su consejo.
Maestra, usted no sabe hasta dónde llegó
aquello que enseñó dentro del aula;
los niños crecen, se marchan después,
pero hay maestros que se quedan en el alma.
VERSO II
Después me convertí en padre
y pude volverlo a comprobar:
otra niña, otra maestra,
otra semilla para recordar.
Mi hija estaba pequeñita,
preprimaria apenas comenzaba,
y una maestra con cariño
entre poemas le enseñaba.
Y todavía nuestra casa,
tantos años después,
recuerda aquella ocurrencia
que nos hacía sonreír también:
INTERLUDIO — voz femenina joven / hablado
“¡Ay, qué disparate…
se mató un tomate!”
VERSO III
Y aquella niña hoy ha crecido,
ya casi adulta está;
pero hay recuerdos de infancia
que la edad no puede borrar.
Por eso hoy quiero que vuelva
a mirar a su maestra otra vez,
y que por unos segundos
vuelva a ser aquella niña de ayer.
Que le diga frente a frente:
“Maestra, yo me acuerdo de usted.
Quizás usted enseñó aquel poema
como uno entre tantos también…
pero llegó hasta mi casa,
creció junto conmigo,
y cuando mi familia lo recuerda,
también la recordamos a usted.”
CORO — MÁS INTENSO
Maestro, usted no sabe lo que sembró,
ni cuántos años vivirá su enseñanza.
Una palabra puede cambiar un corazón,
un gesto puede devolver esperanza.
Maestra, aunque los niños se marchen después,
algo de usted se marcha junto a ellos;
porque enseñar no es solamente explicar:
¡es dejar pequeñas luces encendidas en el tiempo!
PUENTE — CRECIMIENTO EMOCIONAL
Hoy se encuentran dos historias:
un niño que un día fui
y una hija que vi crecer.
Dos maestras…
Dos aulas…
Dos momentos que parecían pequeños.
Y tantos años después
seguimos hablando de ellas.
Entonces comprendí:
¡eso es educar!
No solamente llenar cuadernos.
No solamente enseñar las letras.
Es tocar una vida
sin saber cuánto tiempo
permanecerá nuestra huella en ella.
CORO ÉPICO — BACHATA COMPLETA
¡Maestro, siga sembrando aunque no vea la flor!
¡Siga enseñando aunque no vea el mañana!
Porque algún niño que hoy escucha su voz
puede llevarla toda la vida en el alma.
¡Padres, caminemos junto al educador!
La escuela y la familia no son contrarias;
cuando una familia y un maestro se dan la mano,
¡es un niño quien recibe la esperanza!
Maestro, usted no sabe lo que sembró…
quizás nunca conozca toda la cosecha.
Pero una palabra pronunciada con amor
puede acompañar una vida completa.
FINAL — BAJAN LOS INSTRUMENTOS
Y si algún maestro que escucha esta canción
alguna vez se ha preguntado:
“¿Habrá valido la pena?”
Mire a sus antiguos alumnos.
Mire a los hombres y mujeres
que alguna vez fueron niños frente a usted.
Quizás alguno todavía recuerde
una frase…
un consejo…
un poema…
o simplemente la manera
en que usted le hizo sentir
que podía llegar más lejos.
Mi profesora de segundo
quizás nunca imaginó
lo lejos que caminaría conmigo aquel consejo.
La maestra de mi hija
quizás tampoco imaginó
que tantos años después,
en nuestra casa todavía diríamos sonriendo:
“¡Ay, qué disparate…
se mató un tomate!”
Y detrás de aquella sonrisa…
la recordaríamos a ella.
Por eso hoy, a ustedes, maestros:
Gracias por enseñar.
Gracias por sembrar.
Gracias por quedarse en nosotros
aun después de abandonar el aula.