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Por Dario Nin
Durante siglos, los crímenes más atroces quedaban sin un tribunal permanente. Tras Núremberg y Tokio, el mundo entendió que no debía repetirse la impunidad. Así nació la CPI, mediante el Estatuto de Roma en 1998, en La Haya.
Ese tratado define reglas, crímenes y procedimientos. La Corte no reemplaza a los tribunales nacionales, sólo actúa si un Estado no puede o no quiere juzgar seriamente estos delitos. Es decir, no juzga países, juzga personas. Presidentes, mandos militares o funcionarios, si se cumplen las condiciones del estatuto.
Desde 2002 ha investigado casos en varios continentes y emitido órdenes de arresto contra altos dirigentes. Algunas decisiones han sido vistas como avances históricos y otras han generado profundas diferencias.
Las tensiones recientes con la administración de Donald Trump reavivan el debate entre la soberanía de los estados y la justicia penal internacional. Porque al final, el punto crucial es garantizar independencia sin sacrificar el Estado de derecho y, sobre todo, la dignidad humana. Un caso emblemático: Thomas Lubanga Dyilo (República Democrática del Congo), fue condenado en 2012 por reclutar y usar niños soldados, el primer juicio y condena de la CPI, que sentó un precedente importante.
Quién y cómo se apodera la CPI hay tres vías: que un Estado Parte remita un caso, que el Consejo de Seguridad de la ONU lo remita, o que la Fiscalía de la CPI inicie una investigación, siguiendo los requisitos del Estatuto de Roma. Es decir, no actúa por capricho, sino bajo reglas jurídicas claramente definidas.
Subrayamos para no dejar dudas Un caso clave fue Thomas Lubanga, condenado en 2012 por reclutar niños soldados en el Congo, enviando un mensaje contundente contra la impunidad.
El procedimiento para que la Corte se apodere de un caso incluye tres vías: remisión por un Estado parte, remisión del Consejo de Seguridad de la ONU o iniciativa de la Fiscalía con control judicial según el Estatuto de Roma.
Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.
