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Por: Dr. Darío Nin.

El nuevo Código Penal Dominicano, instituido por la Ley 74-25, no solo define delitos y establece sanciones, sino que fija principios fundamentales que orientan la interpretación y aplicación de todo el derecho penal.

Son los límites del poder punitivo del Estado y las garantías para que la justicia se administre dentro del marco constitucional, el debido proceso y el respeto a la dignidad humana.

El primero de esos principios es, quizás, el más importante: el principio de legalidad. Según este principio, nadie puede ser sancionado con una pena, medida de seguridad o seguimiento socio-judicial si su conducta no está previamente descrita con claridad por la ley.

En palabras sencillas, no hay delito ni pena sin una ley previa que así lo establezca. Este principio protege a todos los ciudadanos frente a la arbitrariedad. En un Estado de derecho, ninguna autoridad puede inventar delitos o imponer penas por conductas que la ley no ha definido como delito.

Imagina que una autoridad decide castigar una conducta porque le parece inconveniente, aunque no esté tipificada por la ley. Eso sería contrario al principio de legalidad, porque en una democracia, nadie puede ser condenado por la opinión de un funcionario. Solo puede ser sancionado cuando una ley ha definido previamente esa conducta como un delito.

La verdadera fortaleza de un Código Penal no está en la severidad de sus penas, sino en las garantías que ofrece a la sociedad para evitar los abusos de poder. Este principio nos recuerda que la justicia no puede construirse sobre la improvisación o intereses circunstanciales. Debe edificarse sobre leyes claras, conocidas y aprobadas conforme al orden constitucional.

Solo así se asegura que el derecho penal sea un instrumento de protección social y no un mecanismo de arbitrariedad.

En nuestra próxima entrega abordaremos el principio de irretroactividad de la ley penal, que impide ser juzgados con normas creadas después de los hechos. Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.

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