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Por Joaquín Núñez
El domingo pasado concluía el Evangelio con la siguiente frase “Y les mandó a los discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.” Este mandato aparece en otras citas evangélicas. Nos sirve incluso para nosotros, ¿Sabemos que entendemos por Mesías?. Aquellos judíos, incluso los apóstoles, tenían un concepto muy claro sobre el Mesías, hijo de David. El restaurador del Reino. Dominador de los romanos. Una idea distinta de lo que en realidad era Jesús.“Tu eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”, afirmación inspirada por Dios.
Jesús va explicando su destino en Jerusalén donde padecerá mucho por parte de los ancianos, un tradicionalismo que concentra todo el poder que esclaviza al pueblo, el Templo es un lugar de pacto económico donde se compran los favores de Dios, un Dios terrible que juzga y castiga. Una idea que está presente entre nosotros, cuando judaizamos. Contra los Sumos Sacerdotes a los que les desmonta el negocio, los que recogen el dinero de los cepillos, con monedas purificadas que venden los cambistas a cambio de las monedas impuras romanas de curso legal.
Jesús dice a sus discípulos “debo ir a Jerusalén” donde está el centro del poder, un poder perverso, tanto de los judíos como de los romanos, cambiar todo tipo de poder, origen de muerte, de guerras y de injusticias.
Iniciar unos tiempos nuevos, frente a los viejos que son tiempos de egoísmo; un tiempo en el que quien posee riquezas es porque está bendecido por Dios. Allí, a manos de la estrategia, estructura social, “a de sufrir, ser muerto”, pero ese no es el final, el final será victorioso, “al tercer día resucitará”. ¿Qué significa al tercer día?, no es una medida de tiempo, significa: “inmediatamente después”.El seguir a Jesús que es Camino, Verdad y Vida, sólo se puede seguir con la fe en Él. Nadie de nosotros tiene experiencia de que es resucitar.
Ante estas ideas, Pedro le dice falto de fe, “No lo permita Dios”. Jesús lo dice y nos dice a cuantos pensamos en una Iglesia donde lo más importante es el “como siempre”, en el “antes era más bonito”, en una Iglesia acomodaticia para tener paz con todos, en el no molestar “ejerciendo la caridad”, “Apártate de mí Satanás”; es porque no rezamos bien el Padre nuestro cuando decimos ”venga a nosotros tu reino” y “ hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”.
“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Que difícil nos suenan estas palabras de Jesús, creemos que negarnos a nosotros mismos es algo extraño a nosotros mismos, la Cruz somos nosotros, nuestros egoísmos, nuestras cobardías, nuestros miedos, descubrir quiénes somos en realidad, sacudiéndonos lo que nos ata, la Cruz no nos la Dios, Él nos ayuda a arrastrarla. Cuántas veces nos han cargado cruces de otros insoportables, o nos las hemos inventado nosotros, víctimas de espiritualidades que ignoran el amor de Dios.
Dios solo quiere ”humildad y mansedumbre, incluso para consigo mismo. Ahora entenderemos cuando Jesús nos dice: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí la encontrará”. Una frase que significa: cuando uno ama como Dios nos ama, olvidando nuestro egoísmo, nos reflejamos con el mismo amor que Dios nos tiene, somos quienes de veras hemos de ser.
Para san Agustín, la frase de Jesús es una profunda lección de interioridad y desapego. Sostiene que el verdadero amor a uno mismo consiste en “odiarse” a uno mismo en este mundo, es decir, negar nuestros deseos egoístas, aquello que nos despersonaliza. Es purificar nuestro yo real para, por amor de Dios, ser quien en realidad somos. (el tema lo trata en muchos de sus sermones).
¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su alma?. Esta frase convirtió a San Francisco de Borja, conversión que valió para aprobar por el Papa Pablo III (el papa Farnesio), la Compañía de Jesús.
Feliz domingo, olvidémonos de nosotros mismos, eso que nos costaría mucho de definir, para encontrarnos en el amor de Dios. Que la Virgen del buen consejo nos lleve de su mano.
El Prior de la Sangre.
