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por Darío Nin.

Hay momentos en los que los acontecimientos parecen aislados, una alianza por aquí, una decisión comercial por allá, pero cuando varias fichas se mueven a la vez, conviene mirar el tablero completo. No para predecir, sino para entender tendencias.

Durante gran parte de la historia, Europa proyectó influencia hacia América. Luego, la Doctrina Monroe y más tarde el Corolario Roosevelt afirmaron la primacía estadounidense en el hemisferio. Más adelante, tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo se organizó en torno a dos polos. Pero ese orden nunca fue permanente.

En las últimas décadas, China aumentó su presencia en América Latina y el Caribe, mientras Europa mantenía lazos históricos y abría nuevas agendas de inversión y cooperación. En este contexto, la propuesta de la Unión Europea de una asociación inédita con Canadá llama la atención.

Al mismo tiempo, Canadá solicitó unirse a la Fuerza Expedicionaria Conjunta, liderada por el Reino Unido, que, aunque está fuera de la UE, mantiene esquemas de cooperación con Europa. Además, se ha puesto sobre la mesa la idea de un Consejo Europeo de Seguridad que podría incluir a socios externos como el propio Reino Unido, Canadá o Noruega.

Estos movimientos no necesariamente significan la formación de un bloque rígido, pero sí sugieren redes de alianzas más flexibles que las viejas estructuras. En ese escenario, América Latina y el Caribe tienen el reto de no ser solo espectadores.

La pregunta de fondo es si estamos ante un reacomodo o una verdadera reconfiguración en proceso. Por ahora, observemos. Jugar con estrategia, no quedarse inmóviles.

Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. ¡Que Dios nos continúe bendiciendo!

SFDDAN17092026

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