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Por Joaquin Núñez
Hoy aclararemos las matemáticas de Dios, Jesús nos propone una parábola famosa, que vista con ojos del derecho natural nos parece injusta. Hemos de recordar la justicia divina del domingo pasado y la justicia humana, y así comprendemos que para Dios un denario es la gloria eterna.
Tenemos unos viñadores que van llegando a lo lago de la jornada desde el amanecer, otros a media mañana, y así hasta la ahora del caer de la tarde. Y al anochecer, el dueño de la viña llama al capataz para pagar a los viñadores. Todos reciben su denario.
Si atendemos y aplicamos las matemáticas divinas es justo; y aquí lo que provoca la lógica egoísta, si se cuentan la horas, tienen razón, por eso se quejan, justicia humana. Dios no paga salario, Dios se regala Él mismo. El Doctor de la Gracia, San Agustín, argumenta: ”Dios no mira cuánto tiempo has trabajado, sino con cuánto amor has trabajado” (sermón 87). Los del amanecer creían derechos adquiridos, olvidando que fue Gracia el llamarlos. La justicia humana compara, “yo más, con él menos”. La justicia divina da a todos lo mismo, ”el Reino completo”.
San Agustín comenta en el sermón 112, “los murmuradores son como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo. Sirven pero no aman. El que no ama, aunque trabaje mucho, está fuera. ”Los del atardecer representan a los últimos, a los pecadores, a los que llegan tarde. Y los del amanecer podemos ser nosotros, los que estamos aquí desde siempre. El peligro es creernos con más derechos por la antigüedad, olvidando que todo es gracia.
Hay quien se define cristiano y exclama “he perdido el tiempo, de haberlo sabido, hubiera vivido de otra manera”. A estos, San Agustín respondería, y nosotros debemos enseñar: es un error medir las cosas de Dios con criterios humanos de comercio. El verdadero cristiano no se “sacrifica” con amargura. Quien se lamenta por haber trabajado todo el día revela que su motor ha sido el temor o el orgullo, no el amor. Él haber sido llamado a la viña desde la mañana es una gracia, un honor, no un castigo,
es el disfrutar del amor de Dios desde tu juventud.
¿Porque no enseñamos nosotros la suerte de quien desde el principio disfruta del Amor de Dios?, que por Gracia hemos disfrutado de estar libres en la viña del Señor, algo que Los Santos descubrieron muy pronto, Quien mide su entrega a Dios, esperando recibir más que los demás, no busca a Dios, se busca a sí mismo. Los tenemos en nuestras sacristías, en nuestras asociaciones, son buenas personas. Han de ser objeto de nuestra atención, porque su vida, al final no vale nada, su satisfacción es su paga, un denario. Como el último.
El argumento de Jesús: “¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera con mis asuntos?, ¿o vas a tener envidia porque yo soy bueno?. Sus palabras son duras, toca a nosotros dulcificarlas enseñando a los de dentro; que al primero que Jesús le abrió las puertas del paraíso fue a un asesino que le pidió esa gracia, porque el dueño de la viña es bueno y Misericordioso.
Feliz domingo, sea a la hora a la que hayamos llegado a su viña, el Señor se nos dará entero. Tomemos la mano de la Madre de las Gracias.
El Prior de la Sangre.
SFDJN20092026
