Entre la inteligencia y la sabiduría 4-4

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Por Dario Nin

Tal vez una de las mayores tareas contemporánea sea precisamente esa: aprender a sentir, pensar y actuar de manera coherente. Sentir para reconocer nuestra humanidad y la de los demás; pensar para comprender, cuestionar y discernir; y actuar para convertir nuestras convicciones en comportamientos concretos.

Porque la honestidad no se demuestra solamente conociendo su definición, sino practicándola. La justicia no se acredita únicamente hablando de ella, sino respetándola. Y la sabiduría no se revela exclusivamente en la profundidad de nuestros razonamientos, sino también en las decisiones que tomamos cuando hacer lo correcto exige renunciar a una ventaja personal.

Volvamos, entonces, a la pregunta inicial: ¿podría considerarse verdaderamente sabia una persona que sabe distinguir lo correcto de lo incorrecto, pero que, aun sabiéndolo, elige hacer lo incorrecto?

Quizás debamos reconocer que conocer el bien y practicarlo son dos cosas diferentes. El conocimiento nos permite identificar el camino; la sabiduría práctica nos impulsa a recorrerlo con prudencia y responsabilidad. Y aunque ningún ser humano actúa siempre con perfecto discernimiento, existe una diferencia significativa entre equivocarse intentando hacer lo correcto y utilizar deliberadamente nuestras capacidades para justificar aquello que sabemos que está mal.

Al final, no se trata de elegir entre inteligencia y sabiduría, sino de procurar que ambas trabajen juntas. Necesitamos inteligencia para comprender el mundo y sabiduría para decidir qué hacer covr la voluntad y el compromiso de hacer lo correcto.

Nos volveremos a ver en el camino. Hasta la próxima. Que Dios nos continúe bendiciendo.

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